‘Acroyoguineando’: humor, confianza y aprender volar en manos de otros

Julia Arteaga y sus alumnos nos enseñan cómo funciona una de sus clases de acroyoga, “lo que hacen los yoguis cuando juegan”.

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Hay muchas maneras de tratar de volar. El ser humano ha sido, en su ingenio, capaz de diseñar numerosos artefactos o mecanismos con el fin de poseer alas o, al menos, de intentarlo. Algunos son más simples; otros, de lo más complejo. Hay quien prefiere saltar en paracaídas. Otros traspasan las nubes en la comodidad de un avión. Hay también quienes provechan las posibilidades tecnológicas de simulación para sentirse como un pájaro. Pero lo que la mayoría desconoce es que lo único que hace falta en realidad es conocer tu cuerpo y tu mente, confiar en tu ‘base’ y, sobre todo, tener ganas de divertirte durante el vuelo.

En un principio, para quien no sepa de qué hablo, todo esto puede resultar algo confuso. Sin embargo, a mí no me hacen falta más que cerca de un par de horas con Julia Arteaga y seis de sus alumnos de acroyoga para poder llegar a esa conclusión. Son aves, pájaros. Siete jóvenes con ganas de despegar los pies del suelo para conocerse a sí mismos en sintonía con el resto, divertirse, explorar sus limitaciones y (des)conectar. En definitiva, de volar.

“ACROYOGA: CUANDO LOS YOGUIS JUEGAN”

Son las 20:30 de un jueves cualquiera y llegamos al Aula Saludable, ubicada en el número 61 de la calle Tejares. En este espacio polivalente se practican muchas actividades, entre ellas la que nos ha llevado allí tanto a mí como a Julia y los 6 jóvenes que van a asistir a su clase. Un espacio pequeño pero cálido y confortable se abre tras sus puertas. Y dentro, todos sonrientes y amistosos, se descalzan, se ponen cómodos y se preparan sobre sus esterillas.

“El acroyoga lo definen como cuando los yoguis juegan. Básicamente son acrobacias en grupo que empiezan siendo más sencillas y poco a poco se van complicando. Es como el circo, con la diferencia de que el acroyoga no pretende hacer ninguna performance o exhibición de nada. Lo que busca, fundamentalmente, es que los yoguis se diviertan, crear conexiones entre las personas a través del juego“, me explica Julia.

Empiezan con un calentamiento. Julia, al frente, va indicando figuras y respiraciones que los alumnos imitan perfectamente. Siguen su hilo, concentrados. Una respiración adecuada se revela importantísima, si no esencial. “Cobra” o “Perro” son algunas de las figuras que, a mis oídos inexpertos, son incomprensibles. Pero ellos, pertenecientes al grupo de acroyoga de nivel intermedio, entienden cada denominación a la perfección y la realizan de manera rápida y eficiente.

Julia me explica que muchas veces, al empezar, aparte del calentamiento hacen juegos que les sirven para romper el hielo. “Lo que buscamos es pasárnoslo bien, hacer formas bonitas entre dos o más personas”, cuenta.

SOCIALIZACIÓN, COMUNICACIÓN Y, SOBRE TODO, CONFIANZA

Ante esa tranquilidad inicial, algunos alumnos reclaman a Julia algo de música movida, “que el ambiente está muy serio”. Y, acto seguido, el clima cambia por completo. La aparente calma inicial se ve sustituida automáticamente por diversión, movimiento y risas al ritmo de “Don’t stop me now”, de Queen. Toda una declaración de intenciones.

La mecánica de la clase parece clara: Julia, con ayuda de cada vez un alumno diferente, explica una determinada figura con su correspondiente proceso para llevarla a cabo. Luego, los alumnos recrean dichas figuras. En cada una de ellas existen tres roles: una persona hace de base; un segundo alumno o alumna será el volador, que hará diferentes posturas apoyándose en el base; el tercer y último implicado es el cuidador, alguien que contribuye a rectificar las posibles incorrecciones, ayudar cuando haga falta y, sobre todo, velar por que nadie se haga daño.

Y, por supuesto, Julia. Ella va dando vueltas por la sala, observando a sus alumnos, rectificándoles, aconsejándoles. Explica y reexplica, mostrando siempre ella misma lo que hay que hacer.

Como vemos, se trata de trabajo en equipo. “El acroyoga mejora la confianza para contigo mismo, pero también con los demás. Te da seguridad, te enseña a confiar y aprendes a comunicarte muchísimo”, destaca Julia como beneficios de practicar este deporte.

“Aquí aprendes a no decir el problema, sino a indicar la solución. Una persona que está empezando puede decir: ‘me estoy cayendo hacia un lado‘. Sin embargo, la gente con más experiencia lo que dice es ‘flexiona más el pie’, por ejemplo”. Una manera muy práctica de tener consciencia de tu propio cuerpo y, además, de comunicarte de una manera comprensible y orientada a buscar soluciones. Y, si eres capaz de aplicar luego esa misma mecánica a tu propia vida, pues mejor que mejor.

“Además, coges mucha confianza con la gente. En mis clases de yoga, al estar cada uno en su propia esterilla y no relacionarse con nadie, no socializan. Es algo totalmente interior. El acroyoga, en cambio, es totalmente exterior. Es la parte social que le falta al yoga, porque somos seres sociales”. El traspasar barreras físicas suele ir de la mano con la creación de vínculos emocionales. “La gente sale de aquí con amigos”.

 

TAMBIÉN PARA ESOS ‘PATITOS’ QUE SE CREEN INCAPACES DE VOLAR

Veo que, casualmente, los 6 alumnos presentes son bastante jóvenes. Por eso, le pregunto a Julia qué perfil de persona puede practicar acroyoga. “El acroyoga lo puede hacer cualquiera, sin conocimientos previos y con independencia de la edad. Al final, es técnica. Cuando empiezas, obviamente, al carecer de técnica tiras de fuerza y, si no tienes, es más difícil, pero la fuerza se coge muy rápido. Y en cuanto la técnica, esta no es más que conocimiento, tener a alguien que te diga: ‘Pon la pierna aquí, el hombro allá y haz esto’“, responde.

Pero eso, obviamente, tiene su letra pequeña. “El yoga es para todos, pero no todos los tipos de yoga son para todo el mundo”, concreta. “Hay muchos estilos de yoga. Es como si vas a un restaurante y pides textualmente un plato de pasta, el camarero te trae una carbonara y tú lo que querías es una boloñesa. Hay que especificar, hay que concretar. Si, por ejemplo, un médico te recomienda yoga en general puedes ser que acabes en el equivocado y nunca más vuelvas porque no te ha venido bien”.

Cuando le pregunto por cómo es el progreso en este tipo de yoga, ella me dice que muy rápido. “Este grupo que has visto lleva un año y medio, pero los de primer año hacen también ya cosas muy chulas. La principal diferencia no está en lo que hacen, sino en que en este grupo refinan más la técnica”, me explica.

 

‘YOGA CON HUMOR’: VIÑETAS CÓMICAS PARA TOMARSE EL YOGA CON DIVERSIÓN Y APRENDER A LA VEZ

Julia Arteaga comenzó a hacer yoga -y acroyoga-, nos cuenta, un poco a regañadientes. “Yo, antes de ser profesora, era súper sedentaria y estaba orgullosa de serlo. ¡Y ahora mira! Descubrí el yoga en una época mala de mi vida. Me dieron vértigos en las cervicales y el fisioterapeuta me dijo que tenía que relajarme, que era por la tensión y que probase a hacer yoga. Y yo fui sin tener muchas ganas, porque no era nada flexible. Al empezar en acroyoga hice posturas muy básicas como la del pájaro, igual que todo el mundo: pensando que me iba a partir la boca. Y, al final, lo vi más fácil de lo que parecía, que es lo que a la gente le suele pasar”.

Después, se va a Londres, donde trabaja como recepcionista de un importante centro de yoga, lo que le permite asistir a las clases y conocer a expertos y expertas. Lo que viene después: titulación de profesora, vuelta a Albacete, un manual, un libro, un blog, clases.. ¡y hasta un premio SHERPA!

“Mi madre es pintora y, cuando yo era pequeña, me apuntó a clases de cómic. Pero yo me frustraba enseguida y lo dejé a los doce años. Un par de años después de empezar con el yoga, por aburrimiento y por querer sacar de mi cabeza lo que se me pasaba durante las clases, empecé a dibujar. Lo hacía con el touchpad del ordenador portátil. Lo empecé a compartir y a la gente le gustó”. Así nace la semillita que acabaría germinando en su libro ‘Yoga con humor”.

“El yoga tiene su base filosófica y teórica súper antigua. Yo con ‘Yoga con humor’ acerco la base teórica a la gente de forma sencilla para que lo puedan entender y además se diviertan. Y luego, con ‘Manual de Introducción al Yoga Dinámico’, lo que hago es acercar la base práctica. En el libro explico una sesión de yoga hasta el último detalle, y así pueden combinar ambas cosas para tener la base teórica y la base práctica”. Una manera muy completa de aprender mientras, además, te ríes y te diviertes.

Y la sesión acaba cortando con el hilo musical de Queen y poniendo música tranquila, intrumental y relajante. Se ponen por parejas y Julia les explica cómo han de hacer una especie de masaje-estiramiento aprovechando en muchos casos la fuerza del propio cuerpo sobre el cuerpo del compañero. Se van, tranquilos y contentos.

ENTONCES… ¿QUÉ ES (ACRO)YOGUINEANDO?

“Yoguineando’ para mí es la comunidad de yoguis que se toman el yoga con humor. Dentro de yoguineando están las viñetas como base principal, pero también el blog y todos los artículos que yo envío semanalmente a mis suscriptores y que luego ven en las redes sociales los seguidores, es el manual, el libro, en un futuro las clases online... Y como yo vivo en Albacete, también las clases presenciales“, nos concreta Julia.

Ella es muy activa en redes. Su perfil en Instagram, @yoguineando, tiene más de 18.000 seguidores. ‘A mí siempre me ha gustado mucho lo online, pero es que además veo que hay necesidad de dos cosas: la primera, que la gente que ya conoce el yoga se relaje y lo haga un poco más divertido, menos serio, obsesionándose menos; la segunda, para quienes no se atreven a practicar yoga porque lo ven muy serio o muy difícil. A esas personas me dirijo y son quienes quiero que sepan esa perspectiva del yoga, que llegue a todo el mundo”.

 
 
 
 
 
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Buenos días yoguis: Últimamente me traigo muchas cosas entre manos. Antes de que acabe la semana os tengo que contar sobre un sorteo para el día Internacional del Yoga y un evento muy importante. Me encanta todo el trajín que me estoy llevando últimamente pero el cuerpo me pide savasana (que no salsa) pero no estoy dispuesta a parar hasta verano así que me voy a conformar con balasana o la postura del niño para descansar un poquito. Por lo tanto, en el post de esta semana te explico lo que necesitas saber acerca de esta asana: una postura excelente para tomarse un respiro (link en bio o yoguineando.com) Esta y otras viñetas las encontrarás en mi libro #yogaconhumor Si aún no lo tienes, sal de balasana y tira a comprarlo, está everywhere 😋😊 Om Shanti Shanti Requeteshanti Julia

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Cuando le pregunto si cree que hay muchos mitos y clichés respecto al yoga, su respuesta es clara: sí. “Como, por ejemplo, que solo puedes hacer yoga si eres flexible. Yo estaba convencidísima de ello y, realmente, es como decir: “no me baño porque estoy sucio”. Pues precisamente porque estás sucio te tienes que bañar, y a base de bañarte estarás limpio. Lo mismo pasa con la flexibilidad”, ejemplifica.

Y, para aquellos dudosos sobre si quieren aprender a volar con Julia y sus acroyoguineantes, el mensaje es claro. “Cuando estéis dispuestos a pasar un buen rato y olvidaros del mundo, haced acroyoga”. Y dejo a Julia que se vaya, tras este agradable rato, con sus alumnos, a tomarse unas cervezas. Otra manera, para algunos, de volar un poco. “Después de la clase, siempre solemos irnos de cañas”, me contaban sus alumnos entre risas justo al acabar la sesión, no sin antes “forzarme” a que probara a hacer yo misma la figura del Pájaro, un básico del acroyoga (por si alguien pregunta, negaré categóricamente haberme dejado hacer esas fotos ante un tribunal).

Y me vuelvo por donde he venido, con la sonrisa puesta y con ganas de, yo también, aprender a volar. Quién sabe si, tal vez, la próxima vez que pase por el Aula Saludable sea para intentarlo.

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