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AIDA, librería solidaria: la cultura, literalmente, salva vidas

La ONG AIDA colabora en el desarrollo y la mejora de comunidades en situación de riesgo. Y entre otras formas, lo hacen a través de libros

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Calle San Julián, número 2. CP 02001.

Lunes a Sábado: 10:30 horas a 13:30 horas y 17:00 horas a 20:00 horas.

Domingo: 10:30 horas a 13:30 horas.

Redacción: Jorge Coloma Puga | Fotografía: Elena Martínez Velasco


Cualquier persona a la que le guste leer afirmaría que los libros salvan vidas. Que lo hacen a través de transportarnos a la piel de otros seres. Allí, entre sus páginas, disfrutamos de sus triunfos, nos encogemos con su tensión y lloramos sus pérdidas. Pero hay veces en las que los libros salvan vidas de forma literal. Este parece ser el caso de la ONG Ayuda, Intercambio y Desarrollo de Asia, o AIDA. Desde 2009, AIDA ha gestionado la creación de librerías solidarias; lugares donde donar, ser voluntario y comprar libros a un precio baratísimo. ¿El objetivo? Salvar vidas.

UNA IDEA A CORAZÓN ABIERTO

“Como tal, AIDA nace en 1999 como una ONG”, dice al otro lado del teléfono Javier Gila, director de AIDA. “No es hasta 2007 cuando la idea de las librerías solidarias empieza a coger forma. Teníamos un proyecto de pesca en Guinea Bissau”, comienza a relatar.

“Gracias a un cooperante y a dos misioneros del área, dimos con una oportunidad interesante. Como ex-colonia de Portugal, Guinea Bissau tenía derecho a mandar a 300 personas al año a la Seguridad Social portuguesa“, desvela.

“Decidimos mandar a niños”, explica Gila. “Allí los niños tienen muchísimos problemas del corazón, heredados o adquiridos. Pero las ayudas que nos daban solo nos permitían mandar a 50 al año, y había otros 250 esperando“, detalla Javier.

“En 2008, conocimos a una chica que había estado trabajando de voluntaria en una charity: una librería solidaria original, de la cultura anglosajona”. Javier se anima al contar esto. “Y pensamos en ello, porque lo vimos genial. Así fue como nos convertimos en la primera librería solidaria de España“, concluye alegre.

Se ha leído y escrito mucho desde entonces. La primera librería solidaria de AIDA se abrió en Segovia, en el año 2009. “Sirvió para aprender y para darnos a conocer. Una librería nunca da muchos beneficios”, explica paciente, “pero es una puerta a la calle y un motor de ingresos fijo, aunque pequeño“, explaya.

Diez años después, la fiebre del libro se ha extendido a nueve ciudades más de España; incluyendo Madrid, Barcelona, Valencia y Albacete. Una red de 400 voluntarios colabora en el mantenimiento de las librerías. Y gracias a los beneficios, 75 niños guineanos tienen la oportunidad de ser operados de enfermedades incurables en su país. AIDA trabaja en catorce países a nivel internacional, y ahora mismo tiene 28 proyectos internacionales en marcha.

“SOLIDARIDAD” SE ESCRIBE EN HORIZONTAL

Hace dos semanas, AIDA estableció su noveno cuartel general en Albacete. Fran Sánchez, que ya apareció en El Gambitero hace un tiempo, es voluntario en la librería solidaria. “Conocí AIDA a través de un compañero de un voluntariado cultural. Fue muy repentino”, explica. “Rellené el formulario para ser voluntario en cinco minutos, y al día siguiente ya estaba aquí“, dice con una sonrisa.

“La idea es muy sencilla”, analiza Fran. “La gente viene con sus libros, y puede donarlos de manera anónima o con nombres y apellidos. En el segundo caso, se le descuenta de la declaración de la renta“, concreta.

“Nosotros los clasificamos. En AIDA no hay un jefe de tienda como tal, sino responsables de secciones. Nos organizamos de forma muy simple, con un cronograma en corcho”, ríe. “Pero funciona muy bien. El mínimo que se pide es ayudar 3 o 4 horas a la semana“. En el momento en el que entrevistamos a Fran, hay unas siete personas voluntarias en la tienda.

EL PRECIO DE HACER ALGO BUENO

Los libros son muy, muy baratos“, dice Fran con la seriedad de quién cree que leer no tiene precio. “El precio mínimo es 1 euro, y el máximo 5. Puede subir un poco más en caso de que sea una edición especial, o de que venga firmado. Pero normalmente no suelen superar esos precios”.

Desde gente de veinte años a sesenta y pico“, afirma Fran cuando le preguntamos por el perfil del consumidor medio. “Tanto en donación de libros como en compra de ejemplares“, especifica.

“Y además de libros”, dice Fran antes de terminar la entrevista, “también aceptamos DVD’s y CD’s de música”. “Las únicas normas respecto a los libros es que no sean libros de texto, enciclopedias, y que estén en buen estado“.

Nos despedimos de AIDA con un par de libros debajo del brazo. En El Contrato Social, Rosseau dijo que el hombre nace libre, pero vive en todas partes encadenado. Son las palabras y acciones de otros hombres los que le liberan y atenazan a la vez. Pero incluso cuando la luz nos ciega, podemos hacer algo bueno con ella. Podemos creer en que nuestra luz puede ayudar a que otros encuentren la suya. A salvar un pedazo de este mundo que habitamos. A que nuestras palabras, historias e imaginación salven vidas. Literalmente.

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