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Albacete arde entre las llamaradas de San Juan

El pasado domingo de San Juan, miles de albaceteños recorrieron una ciudad hecha de llamas y fuegos artificiales naciendo en el cielo

ASÍ PASÓEn portada

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Ayer, Albacete fue pasto de las llamas que alzaban miles de personas. La noche de San Juan arrojó a una enorme multitud de albaceteños y albaceteñas a las calles. Y no será el único día en que esto ocurra a lo largo de la semana. Hay actividades programadas hasta el 28 de junio, pero pocas como la de hoy. El anochecer del pasado domingo trajo música, danza, luces y fuegos artificiales.

CALOR MANCHEGO

Tras la procesión del Corpus Christi a las 19:15, el foco de la noche caía sobre la tradicional verbena manchega. Organizado por la Asociación Cultural Danzas Manchegas Magisterio, el pincho de la Feria estuvo lleno de actividad. El Grupo Folklórico Espigas de La Mancha y el grupo de Manchegas de la A.V. del Barrio del Pilar se encargaron de ello.

La música también resonaba dentro del propio recinto ferial. Al mismo tiempo que los grupos manchegos, la Orquesta Sonital ultimaba su ensayo dentro de los Redondeles. Pero el auténtico ojo del huracán esperaba en el Ayuntamiento.

A las 23:00 horas, miles de albaceteños y albaceteñas aguardaban al inicio del Desfile de Antorchas. Diez minutos antes, algunas antorchas ardían con impaciencia, esperando la señal de la banda de música. No hizo falta esperar mucho para que la multitud se aventurase a la Feria a paso lento.

Eso sí: esperando al tempo que dictasen los fuegos artificiales. Mientras tanto, los ciudadanos y ciudadanas de Albacete encendían sus antorchas en el pilar frente a la Catedral. Justo enfrente de un muy trabajado Cristo con fuente.

Pero sin duda, el momento estelar de la noche hizo acto en el momento en que las antorchas morían en la hoguera. Las llamaradas arrojaron instantáneas hermosas de este nuevo solsticio de verano. Imágenes de sombras contorneándose en las llamas de una noche agitada.

Las llamas de la propia hoguera de San Juan se alzaban metros por encima de sus incendiarios. De nuevo, el fuego dió más que cenizas. Convirtió un incendio cualquiera en un espectáculo colectivo, plagado de chispazos parpadeantes.

Y finalmente, la noche de San Juan llegó a su punto álgido con el tradicional castillo de fuegos artificiales. Un castillo cuya belleza solo puede reproducirse a mitad en las fotografías. Que necesita del ruido, del ajetreo y el murmullo de una ciudad despierta. Que precisa de una noche de verano para sentirse complejo. Una noche de verano como la que Albacete vivió ayer; en llamas.

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