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‘Conciencia ficción’: Un amén al desenfado, el color y la inocencia retro de Cocodrila

Vamos a la inauguración de ‘Conciencia ficción’ en Estudio de Arte Pablo Alfaro y hablamos con su autora, Carolina Gómez Molina, también conocida como Cocodrila.

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Cae la noche de un viernes 24 de mayo y, aprovechando el buen tiempo de una primavera que empieza a asentarse y deja de dar vuelcos, vamos a dar un paseo. Un paseo un poco peculiar que tiene nombres y apellidos: Carolina Gómez Molina. Tan peculiar que posee incluso un nombre artístico: Cocodrila.

Las calles de nuestro viaje, que tiene como punto de partida el Estudio de Arte Pablo Alfaro, tienen forma de cuadros que exploran a su autora, pero también un poco a nosotros mismos por dentro. Y, además, es fiesta mayor: cerveza, tentempiés y risas aderezan el comienzo de este paseo, pues es la inauguración de la primera exposición individual de Carolina.

Nos perdemos, durante un rato, por este ambiente festivo de risas, alegría y disfrute del arte y hablamos con la propia Cocodrila. Queremos comprender los caminos de significado que ha decidido trazar en forma de 17 obras en óleo sobre tabla, lienzo y papel.

CONOCIENDO CONCIENCIA FICCIÓN

Carolina Gómez Molina es Licenciada en Bellas Artes y, según nos explica, de alguna forma nunca ha dejado de estar en contacto con diferentes técnicas. “He sido profesora, me he estado dedicando a la docencia diez años y lo aparqué para empezar con la pintura”, explica.

Compaginó, durante mucho tiempo, la docencia con la poesía, presentándose a concursos y tratando de editar libros. Y también hay otra faceta, tal vez una de las que mayor reconocimiento le han otorgado: los animalitos y criaturas de su ‘factoría de trapo’. Ya os enseñamos parte de sus creaciones en nuestro artículo sobre los Domingos Artesanos de Cervecería La Nena, hace algunos meses. “Cocodrila Von Dúrcal es mi marca de costura y de diseño en tela, y con la que he estado moviéndome a la vez que era docente”.

Pero un día, aparcó la tiza y se lanzó a la pintura. “Era algo más motivacional. Después de tanto tiempo me hacía falta algo con lo que sentirme un poco más creativa y realizada. Que la docencia está muy bien pero, al que le gusta la creatividad, necesita tener siempre algo entre manos”. Aunque ya tenía la costura, Carolina nos cuenta que el pincel era su gran asignatura pendiente. Así que nos lanzamos con ella a explorar este paseo colorido, inocente y naíf por los misterios humanos, con una mirada tan silenciosa y expectante como la de un cocodrilo.

PREGUNTA – ¿Qué es Conciencia ficción? Porque, cualquiera que se acerque a verla, se dará cuenta rápido de que engloba un montón de cosas…

RESPUESTA – ¡Es que es un montón de cosas! Eso es lo que me gusta, que creo que el nombre ya por sí mismo engloba varios conceptos que pueden hacer echar a volar la imaginación de la gente. Conciencia Ficción para mí engloba la técnica pero también el concepto. El continente y el contenido.

PREGUNTA – ¿Y cuáles dirías que son los principales rasgos de ese contenido?

RESPUESTA – A dónde vamos, de dónde venimos. Simbología religiosa también, lo naíf, lo femenino, lo masculino, el equilibrio entre ambos, el misterio humano así en general… En realidad, son temas muy universales.

PREGUNTA – ¿Las 17 obras de Conciencia Ficción nacen siendo pensadas para formar parte de un mismo conjunto? ¿O, por el contrario, nacen de manera independiente y esa en principio no era la intención?

RESPUESTA – Hay un cuadro, el de La Reina Victoria Según Radoslav, que fue el primero que hice y no estaba dentro de la serie. Pero el resto fueron creados para Conciencia Ficción.

PREGUNTA – ¿Y cuánto tiempo has estado trabajando en esta exposición?

RESPUESTA – Pues con este proyecto he estado casi dos años. Y ya, este último año, con mucha más fuerza.

PREGUNTA – Algo que también llama mucho de tu muestra son los marcos que has seleccionado para enmarcar tus obras. Son marcos como muy barrocos, muy ostentosos. ¿Por qué estos marcos en lugar de otros?

RESPUESTA – Sí, son muy kitsch. Forman parte de la obra, forman parte de este mundo vintage que te lleva al pasado, a los ochenta… Igual que la iconografía religiosa, es algo que a mí recuerda a mi infancia, a los marcos que mi madre ponía para la foto de mi comunión. Creo que queda bien con este estilo que me gusta a mí y que recuerda un poco a mi infancia. Y a esos años ochenta o incluso setenta, y en esos años se llevaban. Ahora se lleva lo minimal, otros artistas pondrían tal vez una cosa muy minimal y blanca. Pero yo creo que para esta estética era lo que pegaba.

PREGUNTA – No sé hasta qué punto se podrán considerar como autorretratos, porque tú eres Cocodrila von Durcal, pero es cierto que hay muchísimas referencias a cocodrilos en tus obras.

RESPUESTA – Por supuesto. Carolina Gómez Molina, como pintora, firma como Cocodrila porque realmente a mí me representa mucho el animal. En general, como veréis, hay en casi todos algún animal. Pero a mí desde siempre me ha gustado mucho el cocodrilo y la simbología que transmite. Es un animal que está preparado para observarlo todo y no ser visto, que es un poco lo que a mí me ha pasado. Yo he estado muy en la sombra hasta que por fin me he animado.

PREGUNTA – ¡Pero el cocodrilo también puede ser letal cuando quiere!

RESPUESTA – Claro, tiene esa doble faceta. Puede simbolizar cosas muy buenas y cosas muy malas, tiene esa doble moral el cocodrilo. Y creo que en realidad esa dualidad nos representa a mí y a todos. Todos tenemos luces y sombras. De ahí también el equilibrio de lo femenino y de lo masculino, y esas energías que todos tenemos, no solo los chicos una y las chicas otra. Y tiene que ver con el bien y el mal, el yin y el yang y todo eso.

PREGUNTA – En tu obra vemos muñecos muy del estilo de los que se hacían en España en los años setenta, Nancys o dibujos animados populares como Pepito Grillo o el conejo blanco de Alicia en el País de las Maravillas. ¿De dónde nace ese gusto por estas referencias más infantiles?

RESPUESTA – Es que la exposición habla de mí. Y por eso no es algo pensado, ha salido espontáneo. Son imágenes que te representan porque las has vivido, son esos años de tu infancia. Al final ‘ficción’, esa parte del nombre, representa esto: imágenes, series de la época, ficción… Luego hay otra parte más misteriosa, de querer saber qué hay en otros universos. Pero en realidad todo el misterio humano es en sí precisamente eso: un misterio.

PREGUNTA – Muchos de tus cuadros recuerdan mucho a un estilo muy vintage, como el old school de los tatuajes.

RESPUESTA – Claro, es que el concepto de tiempo, sin quererlo, también está muy presente en toda la obra. El old school es algo también antiguo pero que es moderno. Son reminiscencias antiguas pero, en realidad, la obra pretende ser moderna. Es esa paradoja entre lo viejo, lo nuevo, el antes, el después, el ahora… Es muy personal. Yo espero que guste porque habla de mí, como si fuera una radiografía.

PREGUNTA – Pero, aunque habla de ti, Conciencia ficción también apela en gran medida a la persona que ve la obra, precisamente por todos esos iconos y elementos compartidos dentro de la cultura popular que incluyes.

RESPUESTA – Quien sea de mi época lo va a ver, se va a sentir representado y le va a gustar. Luego, si llegará tan bien a las nuevas generaciones no lo sé. No sé qué pensarán, pero me encantaría saber su opinión, la verdad. Me gusta que en cada cuadro se reconozcan cosas y no, y que cada uno pueda indagar un poco y sorprenderse, y sacar su propia idea.

PREGUNTA – ¿Para ti cada una de estas obras tiene un sentido concreto? ¿O hay veces que tiras más a la abstracción y a que no tengan que significar nada en sí mismas?

Sí, para mí todas tienen un sentido muy concreto. Pero hay veces, por ejemplo, que lo que me tira son las ganas de pintar una Nancy. Entonces, busco cómo puedo jugar con ese concepto, busco la metáfora a partir del elemento porque me encantan. Pero en la mayoría es al contrario: primero tengo la idea de de qué quiero hablar, porque son temas que a mí me acompañan en mi día a día. Otros prefieren hablar de fútbol, pero a mí estos temas son los que me mueven.

Entonces, me llega solo. Una paloma puedes significar la paz, así que voy a buscar en carteles de anatomía antiguos y voy a destripar al palomo… Son muy simbólicos, hay mucha chicha. Y a mí me encanta que la gente me dé su opinión. ¿Que no tiene nada que ver? ¡Pues genial! El espectador no tiene por qué saber exactamente qué he querido decir.

PREGUNTA – Al final una obra de arte no deja de ser un proceso de construcción de significado conjunto. El artista quiere contar un mensaje que el espectador completa o incluso reinterpreta en base a su propia individualidad.

Claro. Con La Santa Cocodrila hay gente que ha venido a preguntarme si es una crítica a la iglesia o a la religión. ¡Para nada! Yo me lo tomo como una pasión. Pasión es el cocodrilo, me encanta la iconografía religiosa… Pero oye, si alguien lo ve y piensa: “¡qué guay, mira la crítica que hace!”, pues estupendo también.

PREGUNTA – ¿Tú tienes una favorita entre todas las obras de Conciencia ficción?

RESPUESTA – Uf, ¡yo es que la mayoría de ellos me los llevaría a mi casa! Porque eso es lo bueno, que pinto cosas que me gustan mucho para motivarme, para no cansarme. Y de cada uno sacaría tres más. Quizás la Santa Cocodrila sería uno de mis favoritos porque tiene esa esencia de mi pasión por el cocodrilo y creo que me representa muy bien. Pero como preferidos de verdad estaría, por ejemplo, la cabra de la princesa Victoria de la que hablábamos antes, que es el primero que hice y me da mucha pena deshacerme de él.

Aunque la verdad es que me encantan todos, ¡son como mis hijos! Y claro, están a la venta porque de algo tengo que vivir, dejé mi trabajo para dedicarme a esto. Hay que aprender a deshacerse de ellos, pero me cuesta.

PREGUNTA – A alguien que no conozca tu obra, ¿cómo le recomendarías Conciencia ficción?

Pienso que es una obra desenfadada, muy colorida, que puede gustar o no gustar pero no va a dejar indiferente. Creo que merece la pena pasarse a verla, aunque sea solo para criticarla y decir: “¡uy, qué marcos más horteras!” . Pero sí, va a estar de cara a la calle en Pablo Alfaro estos días y me gustaría que la gente se pasara a verla. Está bien que en Albacete la gente tenga algo diferente que apreciar. ¡Además, no tienen que entender nada! No hace falta que sean entendidos de arte ni nada de eso para poder disfrutarla, que eso a veces echa mucho para atrás. No hace falta entender, hay que venir, disfrutar y/o criticar, ¡lo que queráis!

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