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‘Cuentos prohibidos noruegos’: Relatos eróticos ‘cochinamente tiernos’ que jamás debieron publicarse

Vamos a la presentación del libro ‘Cuestos prohibidos noruegos’ de la editorial Libros de las Malas Compañías, en Librería Nemo. Este ha sido ilustrado por el albaceteño Juan Antonio Sarrión, también conocido como Mortimer.

ASÍ PASÓEn portada

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Tradicionalmente, los cuentos se han asimilado con la infancia, como algo dirigido inevitablemente a un público infantil, blanco, para niños. Sin embargo, los presentes en la librería Nemo este viernes a las 19:30 vieron el mito caer. ¿El motivo? La presentación de ‘Cuentos Prohibidos Noruegos’, de Libros de las Malas Compañías, ilustrado por Juan Antonio Martínez Sarrión.

Él, también conocido como Mortimer, convocaría a conocidos y no tan conocidos en una presentación junto a la editora, Ana Cristina Herreros Ferrera. Ella cuenta cómo, una vez, un bibliotecario en Senegal le dijo las palabras: “si le contaramos a los niños cuentos de niños, ¿cómo iban a aprender a ser adultos?”. Y así, en una sociedad cada vez más infantilizada, ‘Cuentos prohibidos noruegos’ ve la luz como una divertida escopeta de picardía, de transgresión de lo políticamente correcto, pero también de tradición e historia de lo que fuimos. Todo salpicado por el calor que da el erotismo un país tan frío como Noruega.

LA HISTORIA DE UNOS CUENTOS CUYO AUTOR QUERÍA QUE NUNCA SE EDITARAN

Algo pasadas las 19:30 horas, la Librería Nemo está hasta la bandera. La editora de Libros de las Malas Compañías, Ana Cristina, toma la palabra tras una escueta presentación de Juan Antonio. Su faceta de narradora, bajo el pseudónimo Ana Griott, se hace más que evidente desde las primeras palabras. Como si de una especie de ‘broma cósmica’, ella venía a contarnos un cuento de cuentos. La historia de unos cuentos transmitidos por tradición oral y contada ahora, en 2019 y en Albacete, también por tradición oral. Un metacuento.

‘Cuentos prohibidos noruegos’,

Pero ella quiere comenzar, como es lógico, por el principio. Y el principio de ‘Cuentos prohibidos noruegos’ no es otro que otro libro, ‘Cuentos Noruegos’, publicado por la misma editorial hace un par de años. “Son unos cuentos que recogieron Abjørsen y Moe. Ellos se fueron por un país que no existía, Noruega (porque Noruega formaba parte de la Corona de Suecia en 1814), a escuchar los cuentos en un idioma que no se escribía, porque la lengua de cultura era el sueco”, explica. Ellos, cuenta Ana, escucharon los cuentos noruegos y los normalizaron. Y, cuando Noruega se separó de Suecia, el único documento que había escrito en Noruego eran estos cuentos.

“Yo los encontré en un lugar que se llama Proyecto Runeberg. Este libro no existe ni siquiera en Noruega porque allí se publicaron solo los cuentos que consideraron infantiles“, sigue narrando. Así, se decide a imprimirlos como parte de sus Libros de las Malas Compañías. “Pero cuando el libro estaba en imprenta, me escribió el murciano Mariano González Campo y me dijo que había encontrado 50 cuentos más”.

‘Cuentos prohibidos noruegos’,

Libros de las Malas Compañías había publicado todos los cuentos del Proyecto Runeberg, que según la Universidad de Oslo son todos los que existen recogidos por Abjørsen y Moe. “Los que él había encontrado los había destruido Moe, aunque los destruyó mal. Mariano lo encontró en un archivo privado. Y por eso decidimos hacer una segunda parte”, justifica Ana. El mismo Mariano González acabaría por hacer el prólogo y la traducción de la obra.

En Noruega, explica la editora, el libro se ha publicado bajo el título ‘Cuentos eróticos noruegos’, pero su editorial prefirió resaltar la idea de lo prohibido en el propio título. ¿El motivo? En el margen de las hojas donde estaban manuscritos ponía: “nunca se editarán”. “Pero, como somos Malas Compañías, nosotros dijimos: Ah, ¿no? ¡Pues va a ser que sí!“, ríe Ana ante un público sonriente, divertido y cómodo.

ILUSTRADO CON EROTISMO, PICARDÍA Y TERNURA

El primer libro, cuenta Ana, está ilustrado con grabados de la época. “En 1814 no había ilustradores, pero los más grandes pintores noruegos ilustraban este libro en grabados. Y encontramos grabados del siglo XIX que ilustraron las primeras ediciones de 1840″.

“Sin embargo”, explica, “para los Cuentos Prohibidos Noruegos todas las ilustraciones me parecían como muy guarras. Todo hombres con un palo gigantesco, y yo pensaba: “vamos a engañar a la gente, ¡eso no existe!”, bromea despertando una de tantas otras carcajadas generales. “Entonces, fue cuando pensé en proponérselo a Antonio, y él accedió“.

‘Cuentos prohibidos noruegos’,

“El primer dibujo que me mandó fue este, unos conejos bailando. Y claro, yo no quería que fueran guarras, pero conejos…“. De nuevo, risotada generalizada. “Así que le dije que subiera un poco más la picantez, y el siguiente dibujo era este”:

‘Cuentos prohibidos noruegos’,

Los asistentes estallan en risas. “Entonces, yo le dije a Antonio: podríamos hallar algún término medio, ¿no? Y él me dijo: ¡Aclárate!. Así que al final decidimos meter ambos tipos, para que hubiera variedad”, explica la editora.

Ana comparte con los asistentes su opinión de que el libro tiene algunas escenas y cuentos muy tiernos. “Son cochinos, pero cochinamente tiernos”, explica. “Por ejemplo, en mi favorita hay una chica enseñándole sus partes a un oso mientras un conejo le está mirando el culo. Entonces, ella se tira un pedo, que es lo que hay que hacer cuando alguien te mira el culo desde esa distancia”, ejemplifica Ana.

‘Cuentos prohibidos noruegos’,

Además, Antonio y ella coinciden que hay en la obra muchos “chascarrillos universales”, comunes en todos lados. Y, en que, además, los cuentos tienen “esa cosa de la picardía albaceteña“. Eso, sumado además a la traducción de un murciano, brinda un calor mediterráneo-manchego que le va muy bien al frío de los cuentos de Noruega.

LIBROS DE LAS MALAS COMPAÑÍAS: POLÍTICAMENTE INCORRECTOS, PERO SIEMPRE ÉTICOS

Una de las asistentes le pregunta, en un determinado punto de la presentación, si en estos tiempos -en que reina lo políticamente correcto- no les da miedo publicar un libro como este. Ella responde, tajante: “Nosotras somos Libros de las Malas Compañías y hacemos lo que nos da la gana”.

‘Cuentos prohibidos noruegos’,

Aprovecha la ocasión para hablar sobre su editorial. “Hacer lo que te da la gana tiene sus ventajas y sus inconvenientes. A veces los editores priman el beneficio a otras cosas, como la ética. No sé si sabéis que la mayor parte de los álbumes ilustrados se imprime en China. Pero es que, además, hay un portaaviones que se pone a la altura de Alicante en aguas internacionales, donde no tiene legislación laboral ni medioambiental, y tiene presos condenados a muerte”.

Allí, explica, se imprime en papel clorado, que en la Unión Europea está prohibidísimo porque es muy contaminante. “Pues echa su mierda ahí, a la altura de Alicante. En un barco lleva los dos mil libros que te imprime y los deja allí en Alicante, y un camión los lleva a tu almacén. Como no paga sueldos ni impuestos imprime mucho más barato”, explica, transformando con ello la atmósfera de divertida a crítica.

“Si tu lógica es la de obtener el mayor beneficio posible, imprimes en China o en este portaaviones. Pero claro, están destrozando nuestro planeta. ¿Qué tenemos las pequeñas? Ética, porque si no, no tenemos nada. Nosotros imprimimos en papel FSC que le compramos al Dalai Lama, que tiene una industria papelera en Suecia. Este no deforesta la Selva Amazónica, sino que tala selectivamente el Bosque Boreal. Porque no queremos participar de la deforestación del planeta y los libros se hacen con papel. Hay, en el norte de Europa, empresas que venden papel mucho más caro pero que no deforestan el Amazonas, sino que talan y replantan”.

Pero la ética no está solo en la producción, sino también en otras fases del proceso, como los puntos de venta de sus libros. “Escogemos los libreros con cuentagotas porque tampoco queremos participar en situaciones de abuso. Teníamos, de hecho, un librero en Madrid que había echado a una empleada por quedarse embarazada y le quitamos los libros”, cuenta enfadada.

Libros de las Malas Compañías también destina parte de sus beneficios a proyectos como un curso de alfabetización de mujeres en África. “Otro libro, por ejemplo, lo hemos hecho con la gente albina de mozambique, que es secuestrada y mutilada para hacer amuletos. Lo que hay detrás de esto no es la bestialidad de los africanos, sino la codicia de Europa y de América del Norte. Nosotros estamos cosiendo con las albinas en un proyecto que se llama ‘Una máquina para coser la esperanza’“. Porque se puede trabajar cuidando el planeta en que vivimos y luchando por conseguir un mundo un poquito mejor.

MORTIMER: EL ARTE COMO TERAPIA PERSONAL

Tras la presentación, justo antes de que comience la firma de ejemplares, tenemos el placer de hablar un rato con Juan Antonio Martínez Sarrión. Le preguntamos por la parte más relacionada con el proceso creativo, como responsable de las ilustraciones del libro.

‘Cuentos prohibidos noruegos’,‘Cuentos prohibidos noruegos’,

“En lo que más tiempo tardé, en realidad, es en saber cómo hacer las ilustraciones, elegir el formato. Yo sabía que, a excepción de la portada, iban a ser en blanco y negro, pero tenía que decidir la técnica y el estilo. Si eran muy caricaturescos, resultaría demasiado grotesco por tratar de tema sexual y podía resultar desagradable. Tampoco quería que fuera muy realista. Una vez encontrado ese punto medio, había que decidir la técnica: ¿tinta? ¿acuarela?”, detalla. Finalmente, nos cuenta, se decide por hacerlos en lápiz, con los dibujos más eróticos en un estilo un poco más realista que aquellos más ‘blancos’. “A partir de ahí, todo fue mucho más fácil”.

¿La razón para elegir este estilo? Intuición. “Pensé que iba a resultar mejor para lo que era el global de todo el libro. De hecho, la portada rompe mucho con todo el resto porque es una técnica y a color. Es más visual y cambia el formato. Quería mantener un poco el estilo del otro libro, así que la portada fue un poco complicada”, nos cuenta.

‘Cuentos prohibidos noruegos’,

Le preguntamos si es la primera vez en su carrera como ilustrador en que hace ilustración erótica. “No es la primera vez en mi carrera profesional que hago ilustración erótica, pero sí la primera vez que se publica. Ya había hecho alguna escena de algún cómic y tal, pero así publicada es la primera vez”, responde Antonio.

Sin embargo, su postura respecto a la profesión de ilustrador es bastante negativa. “Es muy jodido, muy mal pagado, muy desagradable y muy infructuoso. Muy poca gente vive de esto, y el que vive se tiene que dejar la piel”, argumenta. Sin embargo, cuando le preguntamos por lo mejor de la profesión, su respuesta es clara: la satisfacción que le produce hacerlo. “Yo, más que como profesión, me lo tomo como algo natural. Yo me he pasado años sin dibujar, pero cuando dibujas la cabeza funciona mejor. Como terapia personal, siento que mi cabeza lo necesita”, cuenta Antonio.

“Este es un libro con que la gente se puede escandalizar un poco. Yo creo que es un libro que pasa del erotismo casi a la pornografía. No es pornografía porque no es el objetivo del libro, pero es totalmente explícito. Y, actualmente, parece que vivimos en tiempos en que vamos un poco para atrás a nivel de aceptación de la sexualidad y de algunas cuestiones de este tipo”, opina el ilustrador.

‘Cuentos prohibidos noruegos’,

Para finalizar, le preguntamos qué le diría a alguien que no supiera si leer el libro, para tratar de convencerlo. “Es un libro que tiene mucho en común con nuestra tierra, con la idiosincrasia, y es el común de que en todos los sitios somos iguales. Son los mismos chascarrillos, las mismas bromas, los mismos cuentos picantes que hay aquí y que hay en todos sitios. Es muy interesante descubrir las similitudes, que el relato en torno a la hoguera es universal”, nos contesta.

Y, después de cerca de dos horas, dejamos a Mortimer y a Ana firmando libros. Abandonamos Nemo, dejando atrás una atmósfera cómoda, de risas y de cariño, provocada por la familiaridad de unos relatos cochinamente tiernos presentados allí, también, por y para gente también cochinamente tierna.

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