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Daniel Higiénico: la musical tragicomedia de estar aquí

La Casa Vieja acogió el pasado jueves el recital de Daniel Higiénico, cantautor catalán al filo de palabras cortantes y sonrisas punzantes

ASÍ PASÓEn portada

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Daniel Higiénico aterrizaba en La Casa Vieja el pasado viernes con la prisa del músico. Pero él va mucho más allá de ser un músico. Daniel sería el perfecto ejemplo del hombre renacentista; si no fuese porque, seguramente, se reiría de él. Cantautor, cómico, escritor de libros, garganta de blues y timbre de hombre cualquiera. Polifacético… pero capaz de encontrar la ironía en cualquiera de sus aristas. En las nuestras, en las que creamos como sociedad, saca el filo con el que teje sus canciones. Y, seguramente, también las encuentre en este texto.

EL OTRO DÍA VI UN DOCUMENTAL Y…

Daniel empieza su show sin más efectos especiales que su propia voz. Se narra a sí mismo como a un cualquiera. Un tipo “que el otro día encontró un documental de esos que duelen ver“. Que lo encontró de casualidad, mientras intentaba buscar la esencia del blues para su Blues Experience.  Y tras abstraerse durante un par de minutos en su narración de sofa, reflexión y blues, abre su concierto con “Bombas”. Lo hace con un a capella puro, acompañado únicamente del rítmico latido de sus pulgares. Un tema que logra arrancar una sensación de sorpresa y respeto en los rostros del público.

Es extraño escoger un tema sin instrumental como forma de iniciar un recital. Le resta normalidad musical, pero le añade espectacularidad. La sensación de intuir que lo que tienes enfrente es algo diferente a lo que has visto. Una sensación que crece aún más cuando Higiénico empieza a relatar lo que parece un monólogo humorístico.

Daniel ya había advertido previamente de su capacidad para tocar varias facetas artísticas. Frente al escenario residía una pequeña mesa con merchandising. En la gran mayoría de los casos, encontraríamos discos y camisetas del artista en cuestión. Aquí los hay, cierto, pero rodeados por libros y antiguos cassetes. El Paseo Infinito o Club Columbia son algunos de los títulos que ha publicado.

Mientras tanto, Daniel sigue con su monólogo. Habla de qué pasaría si, un día, “llegásemos a casa felices con el trabajo y con nuestras vidas“. El sarcasmo continental pero sutil de sus palabras arranca las primeras carcajadas al público. Y continúa pensando en qué ocurriría si encontrásemos un genio que cumpliese nuestros deseos en nuestro hogar. De ahí su tema Este es mi cuento.

Este tema es el principio y el fin de Daniel Higiénico. Lo es porque guarda todas sus constantes, todo lo que es como músico y persona. Porque lo único que le pide Daniel al genio es… ser humano, con sus más y con sus menos. Quiero ser libre como siempre he soñado, grita malgastando o aprovechando de forma única su deseoQué aburrimiento, genio, le señala a su mágico acompañante. Qué aburrimiento conseguirlo todo de golpe, sin esfuerzo, sin humanidad.

Hay que hacer una mención especialidad a la teatralidad vocal y facial de Higiénico. Más de tres décadas en el mundo de la música anuncian su poder en voces chillonas que dan voz a los distintos personajes de la canción. En un rostro expresivo que acompaña los pensamientos de extrañeza del público y del propio narrador.

NUESTRO QUERIDO, ODIADO COSTUMBRISMO DE A PIE

Daniel atraviesa veinte estados emocionales para llegar a “Lecciones de Moderación”, un tema que comparte con Lichis. Una pena que el cantautor no estuviese allí, aunque pasó por la palestra de La Casa Vieja hace un tiempo. Hubiera sido genial verles juntos en este tema, dedicado a los que pendonearon durante años y se pasaron al lado sano de la vida en segundosEl ángel más cutre de la salvación, se carcajea Higiénico perforando risas en el público.

Es terriblemente divertido. Daniel juega a ser colega, cura, camarero y psicólogo al mismo tiempo. Y lo hace con una precisión soberbia, situando las contradicciones bajo el foco, para que todos nos podamos reír de su desnudez. Si no fuese… porque todos vamos desnudos también. Porque esto somos nosotros.

Aunque el clímax de su sarcasmo y teatralidad llega con el tema Yo quiero hablar como un argentino. Qué, contra todo pronóstico, me resulta un tema sarcásticamente triste. Un tema donde a Daniel le gustaría tener la capacidad lingüística como para expresar quién es. Por qué hace lo que hace, y con qué motivos. De ahí que quisiese ser capaz de explicarse a sí mismo, y al resto, sus razones con elocuencia.

Daniel Higiénico prosiguió con su concierto durante un largo rato. Con la historia de un hombre que hace burla y orgullo de todo lo que nos hace humanos. De una persona que parece moverse por impulsos, un día un disco; al día siguiente un libro. Y no hay genio ni diván que puedan frenarle tras treinta años de música. Porque este es nuestro musical tragicómico: estamos aquí y somos lo que tenemos la oportunidad de ser. A ojos del mundo podríamos estar como una cabra por hacer lo que hacemos, pero no nos engañemos. El mundo está loco: nosotros solo le seguimos la corriente.

 

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