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Debodis Andelapis: el rock es familiar, quejica y tiene sueños pendientes

Debodis and Delapis es una banda albaceteña con un tremendo sabor a chismorreo de pueblo y desencanto cosmopolita que le cantan… a la vida

ASÍ PASÓEn portada

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El pasado sábado noche, una banda de rock creó su propia historia en el universitario local Who’s Tommy. Lo hizo con sabor a tierra, con cercanía al público y con mucha, mucha risa por el camino. Es extraño encontrar un concierto donde te rías tanto, pero Debodis Andelapis van a medio camino entre la comedia y el rock show. Comparten una larga historia de idas y venidas, de sueños que se dejan para más tarde, de rarezas cotidianas. Pero ofrecen lo mismo que cualquier grupo, sólo que ellos saben a puro Albacete.

VIEJA ESCUELA, INSTITUTO Y UNIVERSIDAD

“Imagínate algo tan sencillo como unos amigos pasando el día en la piscina de una parcela”, cuenta Alex, el batería. “Uno de nosotros dijo que éramos debodis, imagino que por el cuerpo, pero el resto entendió debolis“, explica. “Así que alguien contestó: ‘vale, pues el resto somos delapis‘. Y así comienza nuestra historia”.

Debodis Andelapis son el sueño tardío de una adolescencia analógica. El eterno “deberíamos montar un grupo de música“, que deja de resonar con eco conforme pasa el tiempo. Y, sin embargo, no lo hace para ellos. “Un día, alguien se compró una guitarra. Otro día, yo me compré borracho perdido una batería. Le tuve que dar explicaciones a mi mujer después“, ríe Alex recordando el momento.

Y así, poco a poco, el sueño se fue convirtiendo en realidad. “Quedábamos para ensayar y componer cuando podíamos, que quieras que no es jodido”, prosigue el batería. “Nos lo pasamos como críos, pero la historia está en que también los tenemos“, ríe de nuevo. “Pero últimamente hemos estado haciendo más cosillas, subiendo más vídeos y grabando un disco“.

Eso sí, Debodis se han tomado su tiempo hasta llegar aquí. Como tal, el grupo lleva juntándose desde el año 89. Están en su edad dorada del rock and roll. “Hombre, es que para poder tocar necesitábamos aprender a tocar primero, y quieras que no lleva su tiempo”, razona el batería. Quien algo quiere, algo le cuesta.

Pero en términos musicales, la música de Debodis Andelapis es… curiosa, como mínimo. Una primera escucha deja un sabor a medio camino entre Los Mojinos, Siniestro Total y La Polla Records. La historia está en que a la segunda escucha te das cuenta de que parodian a la parodia de esos grupos, y son geniales en ello. Sus letras oscilan entre el existencialismo adolescente y el cinismo cuarentón de quién huele a humo sin estar quemado.

Punk, garage, rock clásico… la verdad es que tenemos un montón de influencias, aunque luego no se proyecten tanto en nuestra música”, se flagela Álex. Pero por tener, tienen hasta versiones españoles de clásicos vietnamito-albaceteños como Fortunate Son. “Eso es porque en el grupo somos unos flipados de los Creedence, pero Marcos, el vocal, no sabe cantar en inglés”, se carcajea Álex.

Sus letras, eso sí, denotan un terriblemente atractivo carisma. Porque cantan con esa ironía del que sabe que quiere cambiar un mundo que no puede cambiarse. “Coño, es que nos gusta quejarnos un poco de todo, en realidad. Nos gusta reírnos, pero reírnos a base de criticar. Y reírnos de nosotros mismos todo lo que podamos”.

TODO QUEDA EN FAMILIA, SEA DE SANGRE O NO

Podría decirse que un grupo como Debodis ofrecería un show amateur debido a su inexperiencia, pero nada más lejos. El sonido es limpio dentro de su suciedad esporádica, apenas hay fallos en la ejecución y la música es versátil. Pero más allá de eso, Debodis conecta muy bien con el público. Con un público que les grita, que se enzarza con ellos, que les pincha solo para ver cómo vuelven a inflarse.

“Para este bolo sabíamos que íbamos a tener a gran parte de amigos y familiares apoyándonos”, explica el batería. “Pero aún así ha salido genial. Mola mucho ver que todo el público, sea familia o no, es cómplice de tus fechorías“.

Parte de la culpa de ello es de Marcos, el vocalista, que se pelea con el cielo si no le gusta su color entre canciones. “Marcos tiene mucho carisma y es el responsable de las letras del grupo, para bien o para mal”, explica Álex. “Pero si hay algo de esencia lírica en Debodis, está ahí“.

Aunque contra todo pronóstico, funciona. Funciona ver que sus versiones en castellano de clásicos del rock arrancan un “oye, al menos el 50% del tema no está mal” del público. Funciona porque el público corea sus tonterías y seriedades, sus subidas y bajadas. Funciona porque Debodis siguen su propio espíritu: tomarse tan a broma que parece que van en serio.

Y lo van, aunque no lo parezca a primera vista. “Nos estamos poniendo las pilas últimamente, buscamos una empresa seria para hacer vídeos… todo lo que hay que hacer, vamos”. Tal vez no con la expectativa de volverse profesionales. Al fin y al cabo, ¿dónde esta la gracia de ser el mejor si puedes ser el peor mejor?

“Una vez, en un festival de música, alguien nos dijo que éramos hasta buenos dentro de lo malos que éramos“, desvela Álex. “Francamente, no podría imaginar una descripción más adecuada”, concluye. Yo estoy de acuerdo hasta cierto punto. Porque Debodis Andelapis no son un grupo de virtuosos talentos futuros, sino un grupo de amigos cumpliendo un sueño pendiente.

El mundo de la música está lleno de los primeros, pero al mundo real no le vendría mal una dosis de los segundos. Y además, son de Albacete, tienen sentido del humor y les gusta quejarse por quejarse. Francamente, es difícil dibujar una combinación mejor. Y si tratan de hacerlo, redacten el trazo con bodis y lápises. La fórmula funciona.

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