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El Rastronauta, un mercadillo para domingos sin gravedad

Nos quitamos el casco y respiramos el sol de un domingo por la mañana en el Rastronauta, un mercadillo alternativo acunado por La Casa Vieja

ASÍ PASÓ

Escrito por:

Redacción: Jorge Coloma Puga. Fotografía: Paula Tárraga Sánchez


 

El pasado domingo, La Casa Vieja perdió gravedad desde las diez de la mañana hasta las tres de la tarde. Los objetos volantes están prohibidos, ¿así que cuál fue la forma de devolverlo al suelo? Muy sencillo: crear El Rastronauta, mercadillo mensual para todos los mercaderes del universo.

La segunda edición de El Rastronauta, rastro de personas variopintas en trabajo y objetos, se desarrolló entre música y cervezas.  Nosotros nos acercamos para comprobar si eso de que en el espacio no existe el sonido es cierto. Y nos fuimos de ahí escuchando rap, maullidos y ladridos, y el murmullo de un domingo soleado por la mañana.

Tablero de ajedrez y libros.

Tablero de ajedrez y libros.

ARTESANOS DEL ESPACIO TIEMPO

“El Rastronauta es un mercado alternativo de artesanas y emprendedores que hacemos junto a La Casa Vieja”, explica Aitor Martínez. Aitor organiza el mercadillo, y hay un deje de orgullo en su voz, como acunando a su pequeño bebé intergaláctico. 

“También hay particulares, gente que quiere darle una segunda vida a sus objetos… en manos de otro”, relata con una sonrisa. Aitor trata de gritar por encima de Micro Bud Tasters, un grupo de hip hop que rapea con una atmósfera noventera.  “Pensamos que sería genial tener músicos como valor añadido. Si la gente quiere tocar, solo tiene que contactarnos“, concluye feliz.

Ilustraciones artesanales.

Ilustraciones artesanales.

LA LUZ DEL TRABAJO A MANO

Los puestos no podrían ser más distintos entre sí. Está El Chak, un joven ilustrador de Albacete que pide “menos cobetes y más besetes” en sus camisetas. La artesana Gema del Castillo elabora ilustraciones con mensajes. Hay chupas de cuero, y radios de los años 20 restauradas a mano, y parkas casi edición coleccionista de Adidas.

Pero la gracia de un mercadillo reside en verlo y estar presente, no en contarlo. Aquí te dejamos una fotogalería anti-gravitatoria de la luz del Rastronauta. Porque las estrellas que vemos son, en realidad, viejas fotografías de la luz que emitieron hace millones de años. Una luz que puede conservarse, o darse para una segunda vida. La clase de luz que, a veces, sentimos en un domingo soleado por la mañana, en un mercado interestelar.

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