Publicidad

Publicidad

Gala Don Quijote del XII Festival Internacional de Circo y Magia de Albacete: los límites de lo humano

El Teatro Circo acogió ayer la Gala Don Quijote, que supuso una muestra final del inigualable talento internacional que ha acudido a Albacete

ASÍ PASÓ

Escrito por:

El premio es para Dúo Unity

El premio es para Olga Kliuieva

El premio es para Yang Fan

El premio es para Dúo Ángeles

El premio es para  La Fem Fatal

El premio es para Dúo Mauro & Mary

Redacción: Jorge Coloma Puga | Fotografía: Elena Martínez Velasco


Ayer hubo magia en Albacete. Tal vez sería más adecuado ponerlo en términos más refinados o elegantes, pero la realidad es que ayer nuestra ciudad vió magia. La magia de llevar un cuerpo hasta los límites de la flexibilidad, de una ejecución completamente limpia y casi sin errores. La magia, en definitiva, de ser un maestro en el esfuerzo y la repetición en algo. En ese ‘algo’ que muestras a los demás y que parece mágico, porque no entienden como tú puedes y ellos no. Esa es la magia que vimos ayer en la Gala Don Quijote del XII Festival Internacional de Circo y Magia de Albacete. La magia de unos ejercicios extenuantes repetidos mil veces entre sombras, y tan sólo una bajo las luces.

THE SHOW MUST GO ON, NO IMPORTA CÓMO

La Gala Don Quijote comenzaba con los graves de Antonio Álvarez, director general del festival y showman bajo el nombre de Monsieur Loyal. Loyal inauguró el festival cantando un pedazo de The Show Must Go On. A continuación, se produjo un desfile donde los 19 participantes internacionales ondearon las banderas de sus hogares.

“Damas y caballeros… “, repetía el show man en distintos idiomas, como forma de saludo al jurado internacional. “A continuación, les presentamos a nuestro primer participante. Directamente desde Italia… ¡Michael Zorzan!”

Zorzan es un joven italiano capaz de convertir sus diábolos en átomos, que giran alrededor de su cinturón gravitatorio en perfecta armonía. Su show es una muestra del dominio extremo de su cuerpo, de la tensión muscular acumulada en mantener un hilo recto. El mismo hilo con el que captura y aprieta la atención del público, aumentando el número de diábolos a su vez.

Zorzan trató de jugar hasta con cinco diábolos distintos, pero en último término falló en su ejecución. El público, sin embargo, aplaudió su espectáculo con una fuerza tremenda. “Esto es un festival en vivo”, sentenciaba Loyal. “Cuanto más prestigio tiene el festival, mayores son los nervios a la hora de actuar“.

Tras él, la ucraniana Olga Kliuieva se apropiaba de las miradas del público con su aro aéreo. Interpretando a una geisha, Kliuieva no tardó en abandonar sus abanicos para surcar los cielos del Teatro Circo. La ucraniana es agua sobre el aire. Contorsionismo extremo de figuras perfectas, músculos de hierro batallando contra ella misma y la gravedad al mismo tiempo. Una obra de arte que muestra el potencial del cuerpo humano… con tiempo y entrenamiento.

Como si estuviese planeado para ello, la acróbata se despide del Teatro para dejar paso a su compatriota Maxim Gordienko. Gordienko ofreció al público una performance de baile acrobático bajo el personaje de The Newspaper Man. Extraño y casi irracional, pero igualmente bello en su ejecución, llena de movimientos de breakdance y capoeira.

Maxim abandonó el escenario para ser reemplazado por Sarita y Kim León, una pareja de clowns que se encargaron de amenizar la velada con sus bromas. El dúo aparecía y desaparecía del Teatro de forma fortuita, pero cumpliendo su papel.

LA BELLEZA DE LAS LUCES

Pero si hablamos de exhibiciones de altos vuelos, el dúo cubano Ángeles necesita un apartado propio. Con tan solo una superficie deslizante del tamaño de una mesa grande, hombre y mujer vuelan sobre patines y ellos mismos. Componen figuras sobre la marcha, sin dejar de rotar en ningún segundo, convirtiendo su momentum en un muro más que escalar. Se necesita una confianza extrema para trabajar así, y la confianza entre ambos compañeros es palpable.

El público sufre cuando Ángeles usa cinturones para sujetar la cabeza de uno a la del otro, sin dejar de girar, unidos en su infinito motor de energía. “Si ascendemos, será juntos”, parecía gritar su baile.

Somos el único festival que se realiza en un teatro circo. Ojo, en el más antiguo del mundo“, recordaba Álvarez introduciendo a la española Melanie Álvarez. La artista mostró su dominio en la disciplina de hulahoops con ritmos de samba y posturas imposibles. Si los artistas anteriores volaban sobre el aire, Melanie lo hizo sobre una tierra que reclamaba como suya.

Planeando sobre sí misma a través de cuatro, cinco, ocho aros que orbitaban alrededor de su propia estrella. Sin colisionar, en una armonía atómica que concluía arrancándose por sevillanas con los hulahoops y hasta diez aros girando en su cuerpo.

Tras ella, tres payasos acróbatas llegaban desde Moldavia. El trio Igor Stynka convertía el humor en el conducto principal de su espectáculo de barra rusa. Mención especial al triple salto mortal hacia atrás que los tres moldavos lograron efectuar con una limpieza absoluta.

Pero nuestros hermanos latinoamericanos tampoco se quedan cortos. El dúo colombiano Mauro & Mary cambió el eje de las dimensiones en su exhibición de bambú aéreo. Imagine el mundo sin gravedad, sin ataduras, como si el espacio en diagonal fuese sólo otra dirección más. Mauro & Mary se limitan a caminar en un sentido distinto al habitual, oxidando las palabras “vertical” y “horizontal”. Y al igual que ángeles, usan sujeciones en torno a sus cuellos para levitar junto al peligro.

EL AMOR AL ARTE EN TODAS SUS FORMAS

La Gala Don Quijote también tuvo primicias propias de un festival de este tamaño. Desde Italia llegaba The Hologram Show, conducido por la bailarina Demi Cabras. Un espectáculo primicia en España y presentado por primera vez en un festival internacional de circo. Utilizando hologramas tridimensionales, Cabras parecía conducir las propias fuerzas de la naturaleza. Gotas, partículas, torbellinos y tormentas eléctricas quedaban sujetos a la voluntad de la artista.

Tras esta tormenta tecnológica llegaba la calma a través del dúo de acróbatas españoles La Fem Fatal. Su “calma” reside en un espectáculo de equilibrismo animal, donde la limpieza de sus movimientos es tal que los acróbatas parecen ignorar la tensión. No la del público, que estuvo presente antes, durante y después, sino la de sus cuerpos, hechos de goma y sombras creadas bajo los focos.

El etíope Binack se apropiaba del escenario inmediatamente después con su número de pelotas malabares. Su rebote y juego de manos fueron perfectos, llegando al punto de pensar que lo que se veía era un loop. Un ciclo inintermitente de lanzamiento y recogida a velocidades de vértigo. Binack bailaba mientras tanto, asumiendo el movimiento de sus instrumentos como suyo.

Binack se alejaba del escenario cargado con los ruidosos aplausos que le mereció su show. Y Mateo, acróbata argentino de pole aéreo, le sustituía con un número lleno de limpieza y elegancia. De nuevo, otro acróbata deleitaba al Teatro Circo con una muestra de ejecución casi perfecta, de limpieza total en cada movimiento y transición.

EL SUEÑO DEBE TERMINAR

Y tras Mateo llegaban los ganadores al aplauso más emotivo de la noche. El dúo Unity, creadores de la disciplina rueda cyr, compusieron una coreografía que parecía hablar del amor. De alejarse y acercarse mediante bailes hasta lograr girar en un mismo sentido, arriesgando y apostando la seguridad en un único baile. Hombre y mujer de Vitrubio atrapados y libres en su rueda, Unity creó callos en las palmas de un público extasiado con el show.

El espectáculo empezaba a apagar sus luces con los tres últimos shows de la noche. La húngara Diana Bakk sorprendía al Teatro con un número de pole fitness de ejercicios calisténicos. A tres metros de altura, Diana jugaba a quedarse fija en posiciones imposibles, mostrando un nuevo nivel de maestría sobre el cuerpo.

Y para mantener la atmósfera, el acróbata chino Yan, del grupo Holy Warriors, cerraba los números de acrobacias con un show espectacular. Yan baila alrededor de un mástil, aunque tal vez sería más conveniente decir que “se mantiene”. Busca la posición fija más elevada posible para desafiar a público y gravedad con ella, ascendiendo hasta topar con el único techo que existe: él mismo.

Y por último, como cierre de la saga e invitado por la organización, el italiano The Laser Man cerraba el show con una performance… que cuesta describir. Porque cuesta describir el futuro; la sensación de estar inmerso en un mundo como el de Blade Runner. La sensación de que descubras que hay tecnología real que sólo podrías imaginar, cuyo resultado desafía a la imaginación. Es un show que no puede describirse con propiedad: hay que vivirlo.

EL SHOW… CONTINUARÁ

Y bajo The Show Must Go On, artistas y público se despedían unos de otros en un emotivo y gigantesco aplauso de varios minutos. Un aplauso de respeto, de admiración, de agradecimiento y asombro, de curiosidad y emoción. Un aplauso, en definitiva, que tan sólo podría ser emitido por quién ha visto magia.

Magia real, de esfuerzo y dedicación entre las sombras; de una única oportunidad bajo los focos. Magia de repetición, de ensayo y error, de lesión y recuperación, de superación o fracaso. La clase de magia que hemos visto en la Gala Don Quijote del XII Festival Internacional de Circo y Magia de Albacete.

Publicidad

Publicidad

Comments are closed.