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Halley: el cometa no hace un viaje, es el viaje quien hace al cometa

Álvaro Soler es un albaceteño también conocido como “Halley”, su álter ego musical, que tiene un único objetivo vital: ser su propia estela

ASÍ PASÓEn portada

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Fotografía de portada por Halley


Conocí a Álvaro Soler la semana pasada, entre los focos y sombras del espacio entre asientos del Auditorio Municipal. Por entonces no sabía nada de él… hasta que subió al escenario como Halley. Y lo que me encontré fue a un chico haciendo una música tan dulce en su sonido como amarga en su tristeza. Que sonaba esperanzadora por momentos, que se permitía bromas en otros… y, en definitiva, una música que se sentía real. Una semana después, Álvaro Sóler, albaceteño currando en Irlanda como camarero, y huesos y piel de Halley, habla conmigo. Lo hace después de ganar el segundo premio y el ‘Premio Especial Joven’ del Alberto Cano. Y hablamos de música, de viajes y cambios. De lo que significa no sólo dejar tu estela, sino también estar dispuesto a seguirla.

LA MELODÍA QUE HABITO

Álvaro Soler era apenas un adolescente de 14 años del Don Bosco que soñaba con la música cuando agarró su primera guitarra. “Lo hice porque un grupo de amigos de mi clase y yo queríamos montar un grupo. No sé, que la gente nos conociese, hacer música. Al final fui el único que siguió con las clases“, ríe desde Valencia.

Por entonces, el pop nacional y algunos grupos de rock como Extremoduro y Marea rondaban la cabeza de Soler. Pero eso cambió al conocer a Eric Clapton. “A través de descubrirlo empecé a interesarme por el blues, el soul… música más negra. Y digamos que ese ha sido el cambio de etapa a Halley, o al menos, es lo que he intentado reflejar”, detalla.

Pero… ¿por qué Halley? “Esa es una historia graciosa“, promete al otro lado del teléfono. “Verás, tengo un tocayo que se llama igual y es bastante famoso. Y ahora ÉL es Álvaro Soler, y yo me veo obligado a buscar otro nombre. De hecho”, narra , “yo empecé a subir vídeos con mi nombre cuando a él le estaban promocionando. Y al buscarle la gente en Youtube, entraban a mi canal por confusión. Así que mi primer vídeo de Youtube tiene…700.000 visitas“, ríe.

“A lo mejor me habría convenido quedarme un poco más como Álvaro Soler”, reímos en la distancia. Pero eso sigue sin explicar el nombre de Halley en sí. “Viene de Siddhartha, el libro de Herman Hesse. En concreto, de un pasaje que dice que las personas que nos asemejamos a dos tipos de cosas: hojas de otoño, que se dejan llevar y terminan cayendo”, explica.

“Pero el otro tipo de cosas son cometas: tienen un rumbo, una dirección fija, y son decididos. Yo siempre me he visto así, al menos respecto a la música“, reflexiona. “Así que busqué un nombre de cometa que me valiese para un público español e inglés, y así pasó”, concluye.

¿Por qué hacer temas en inglés? “Porque me lo pide el cuerpo, en realidad“, simplifica Halley. “Estudié Inglés como especialidad en Traducción e Interpretación, estoy viviendo en Irlanda… supongo que es natural”, juzga. “Es complicado: normalmente siempre voy al inglés, pero para asuntos más introspectivos siempre caigo el castellano“.

EL PRECIO DE UNA ESTELA

¿Cómo te sientes a la hora de componer canciones fuera de casa? “Te vuelves más vulnerable, sin duda. No estás en un entorno familiar… lo cual no quita que esa sensación no pueda volverse adictiva. Me pasó durante el Erasmus en Italia, y me pasa ahora. Y en Italia no tenía un vehículo para hacer música: ahora sí“.

¿A qué te refieres? “A que estoy cambiando de vida poco a poco. A que me voy a patear las calles de Irlanda con un amplificador y confianza en mí mismo. Creo en este proyecto y creo en mí”, dicen Halley y Álvaro con seguridad.

Esa es la gran pregunta: cuál es el proyecto en sí. “Yo soy el proyecto como tal, sin ser egocéntrico. Sencillamente, centro mis esfuerzos en mi persona. Y cuando necesito músicos, tengo la suerte de poder contar con un montón de buenos amigos y colegas. Como Juanmi Pascual y Manu Navarro, con los que estoy montando un power trío brutal”, garantiza.

Es esa música de sesión lo que nos lleva a Colours, un EP de tres temas que Halley lanzó en 2018. “No fue la primera vez que entraba a grabar, pero si la primera vez que me lo tomaba tan en serio. Y ese rollo soul que le metimos…  me motivaba mucho, es demasiado elegante“.

¿Es Colours lo que nos lleva al Alberto Cano? “Fue una ilusión increíble. Estaba de camino a España cuando me enteré de que tenía que ir a las finales. Y pensé ‘joder, y si no sale nada…’. Pero no sé; no estamos aquí para tener miedo. Iba a tener una experiencia única y a conocer gente: ¿qué más necesito?“, ríe.

Álvaro me promete que todo lo que ha ganado va a ir dedicado a la música. Intento sonsacarle si ya hay título para un EP o LP, pero se despide diciendo que ‘lo que salió en el Cano saldrá en el disco‘. Y eso mola. La música no solo debería ser un viaje que nos acompañe durante un período de nuestras vidas. ¿Por qué no convertirla en el viaje de nuestras vidas? ¿Por qué tener miedo a nuestra propia estela? Álvaro Soler no lo dice, pero si le tuviese frente a frente seguramente apostaría porque nadie es una hoja de otoño. Y si lo fuese, siempre hay espacio para levantar el vuelo de nuevo. Eso es lo que hacen los viajes: nos cambian

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