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Jamones con Tacones: la diversión, normalmente, es extraordinaria

La Cachorra Yeyé se vino completamente arriba con Jamones con Tacones, una formación murciana con un show mortalmente divertido e interactivo

ASÍ PASÓ

Escrito por:

Redacción: Jorge Coloma Puga | Fotografía: Paula Tárraga Sánchez


El domingo antes de comer, una conocida me pregunta acerca del show de la formación murciana Jamones con Tacones. Tocaron el sábado noche en una Cachorra Yeyé llena hasta la bandera e implicada de corazón en el espectáculo, en un concierto organizado por El Hombre -Music-. Y le contesto que fue “divertido”. Me mira con cara extraña, respondiéndome que “no me entiende”. Que una actuación puede ser buena, mala, normal, “pero no divertida”. Le digo que se pida otra bebida.

ORÍGENES, CAMBIOS Y MADUREZ

Esta historia empieza tras lograr arrastrar a Jorge y Carlos, vocal y mánager de los perniles más estilizados de Murcia. Y aunque valoran las combinaciones extrañas, se quedan sorprendidos tras pedir un café y obtener una tapa de chorizo de regalo. “Así que esto es Albacete”, dicen riéndose de buena gana.

Jorge y yo hablamos de los orígenes de su peculiar jabugo. De unos cochinillos llamados La Banda Jakichu, que mezclaban géneros por secciones. “Ska, swing, reggae… en La Banda Jakichu fusionábamos de todo, pero en las canciones había partes bien diferenciadas“.

La banda duró unos siete años. Fueron tiempos de encerrarse en la cochiquera; de convertir cada garito en un corral. “Con el tiempo, empecé a escribir temas más maduros“, relata el vocalista, “y decidimos apostar por un sonido nuevo“.

Pero no fue un cambio de paradigma. La piara seguía relativamente intacta. “Conservamos a unos cuantos miembros de Jakichu para Jamones”, explica Jorge. “Aunque al principio lo hacíamos por ocio, esto cambió cuando algunos de nuestros músicos empezaron a vivir de su trabajo“. 

Jorge se refiere a que varios miembros de su formación eran y son, a su vez, habituales compañeros de batalla de la albaceteña María Rozalén. “Ahí nos planteamos hacerlo en serio, lo vimos posible“.

Y de ahí, a Lukin for the Fango, su primer LP. “El proceso de grabación fue una locura. Tuvimos que meternos una caña que flipas en el último mes”, ríen Jorge y Carlos. A partir de ahí, la vida del músico-currela. “Furgoneta los viernes y saber que no pisas tu casa hasta el domingo noche“, comentan al aire.

Pero a los gorrinos también les gusta conocer a otros animales y estar en un corral que merezca la pena. De ahí el concepto de Música Soterrada, una iniciativa que aúna a músicos bajo una melodía contraria al soterramiento de Murcia.

Y aunque la entrevista dura más, mi conocida ya ha recibido suficiente información de los gorrinetes. Así pues, toca revolcarse en el barro de los directos. Eso sí, con tacones y mucho buen rollo.

AMARÁS AL PÚBLICO POR ENCIMA DE TODAS LAS COSAS

Jamones es un grupo bastante versátil. Cuenta con un vocalista-guitarra, una segunda guitarra, un bajista, un batería, y un saxofonista-flautista-croonerEs este último quien, haciendo las veces de narrador, introduce a la banda frente a una Cachorra Yeyé petada.

Las melodías de Jamones son sencillas, aunque muy vérsatiles en forma y modo. Tal y como Jorge anticipó en la entrevista, Jamones no rompe con la fusión de Jakichu. Todo lo contrario: las influencias de las que beben son sólidas y están dosificadas.

Ska, reggae, dub, rap, swing… la resaca musical es gigantesca, teniendo en cuenta todos los sonidos que han bebido. Pero Jamones no suena, ni pretende sonar, a cosas gigantescas.

Su música es cotidiana, perfecta para acompañar el día a día, incluso cuando sus artífices demuestran su maestría. Jamones no pretende hablar de cosas gigantes. Ellos le cantan a la vida: a la vida de la resaca, de quedarse en casa apalancado. A las pequeñas historias que nos hacen grandes.

Y tal vez por eso, Jamones consigue conectar con el público de un modo que solo cabría esperar en profesionales. Tras apenas cinco temas, la Cachorra entera les derrite en aplausos y comienza a participar en su juego.

De dividir la sala en dos partes a hacer palmas, o pedir que la mujer de uno de los integrantes suba a cantar. La cercanía, cariño palpable y cuidado de los Cerdetes por el show se transmite sola. Pero lo mejor de Jamones son, sin duda, las risas.

“Por extraño que parezca”, le digo a mi conocida, “su concierto hace que te rías”. Sus letras no son complejas ni tienen un sello particular: son únicas en su normalidad. El carisma, labia y autenticidad de sus componentes se puede masticar en cada sílaba.

Pero Jamones quiere a su público, tanto que su bolo está hecho para que te descojones. Y lo consiguen. Lo consiguen porque no aspiran a cambiar el mundo, ni a hacerte reflexionar. Aspiran a hacer música: su música. Y a que tú la respires a gusto.

“Y eso no es fácil”, explico. Hay una enorme barrera psicológica a la hora de hacer que el público participe en el bolo de un artista amateur… o consagrado. Por suerte, los cerdos son omnívoros. Se comen de todo, incluso las barreras preestablecidas.

Y cuando hacen amago de irse, la Cachorra entera aúlla entristecida solicitando a los cochinos un último blues. Y Jamones lo consigue, aprovechando la ocasión para hacer un acústico de un tema dedicado a la compra de su merchandising. En mitad de la sala. Rodeados de sus fieles amantes.

El concierto de Jamones con Tacones no fue especialmente intenso ni habilidoso. Fue divertido, porque estos cerdetes aman la música y aman a la gente que ama la música. “¿Sabes una cosa? No recuerdo haberme reído tanto jamás en un concierto“, digo a mi conocida.

La habilidad se aprende a base de trabajo y estudio. Las letras mejoran en función de la madurez. Pero la diversión… la diversión parece tan extraordinariamente normal que nos olvidamos de ella. Y la realidad es que la diversión, normalmente, es extraordinaria, y por eso no olvidamos un buen show. Jamones con Tacones: la piara más cariñosa en varias granjas a la redonda.

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