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Julia Martínez, siete latidos y una oda a la libertad de la música

Del funk al soul, pasando por palos de flamenco y rock americano. Julia Martínez y su banda tenían una tarea en ClanDestino: crear música.

ARTÍCULOSASÍ PASÓ

Escrito por:

Redacción: Jorge Coloma Puga | Fotografía y vídeo: Elena Martínez Velasco.


Comienza con un ritmo solitario. Es lento, lo suficiente como para enganchar al público a la idea de lo que viene después. Después, un bajo. Una eléctrica, una acústica, un teclado. Seis músicos lentos, pero constantes y firmes, ascendiendo en intensidad y habilidad. Es un manifiesto: una declaración sobre la libertad de los músicos. Tal vez, por eso, Julia Martínez se incorpora a la canción desde el backstage de ClanDestino, cantando en las sombras. Es la vocal la que acompaña a su banda, y no al revés. Para (a)firmar que la música se crea a pasos, mezclando sonidos que no tendrían sentido en soledad.

CADA NOTA ES UN EJÉRCITO DE SINFONÍAS

Pienso en la insistencia con la que Julia recalcaba la importancia de los músicos el pasado miércoles. Una chica de veinticinco años cruzaba la puerta de la Cafetería Gustosso, disculpándose por llegar algo tarde a una entrevista.

Me sorprendió saber que ella misma era la juez, jurado y verdugo de su concierto. “Me encargo de la cartelería, redes, diseño e impresión de entradas y organización del bolo“, decía de forma natural.

Indago en si también es un todoterreno en la propia música. “No. Yo compongo los temas de forma lírica, y después la banda da ideas, acordes y arreglos para la pieza final. La banda es absolutamente importante“, recalca.

Lo es. Vuelvo a la realidad de ClanDestino cuando Julia sale desde las sombras. Su voz corta los agudos como un cuchillo lo haría en la seda, pero en sincronía absoluta con la locura funk de su banda.

De pronto, el tema entero adquiere la delicadeza de una balada. Y de forma súbita, como riéndose de que no prestemos atención suficiente, la melodía canta por bulerías.

Se suceden dos canciones más. Aquí la propia música baila, en pasos tan dispares y lejanos que solo sabe acercarse a su verdadera esencia. Este show es una oda a la heterogeneidad de la música. Cada nota es una composición propia.

POR LAS RAÍCES, HACIA LAS ESTRELLAS

La misma chica que se presentaba a sí misma como “alegre y simpática” pregunta repetidamente que si estamos cómodos. Y vuelve a reagruparse con su banda: en género, voz y acordes.

Cuando Julia definía la música de su grupo como “fusión”, no imaginé que serían capaces de esto. Usan las cuerdas de una guitarra española como pista de aterrizaje para ritmos latinos. Vuelan desde la intimidad de un pensamiento hasta la calidez de un domingo de Julio.

Y los músicos… es un espectáctulo verles sonrientes y, ante todo, protagonistas. No son esclavos de la partitura, ni focos para una estrella. Julia es la gran voz; una gran voz empeñada en catalizar la maestría del sonido en la que se envuelve. Y eso es mágico.

Julia y yo hablamos sobre raíces y purismos. Recuerdo que puso una expresión particularmente seria. “Es la base para el enriquecimiento musical”, afirmaba. “Hay que mamar de las raíces para poder hacer las cosas bien“.

Pero estas raíces no se andan por las ramas. Esta formación no produce flores, sino junglas. Julia patenta estribillos con dejes aflamencados, y la banda oscila desde el olor a café y pop-sitividad a intimismo. A flamenco indie. A baladas inclasificables.

TRES DESPEDIDAS Y SIETE SENTIDOS

Tras una hora y media de ebullición frente a un ClanDestino hasta el gorro de gente y aplausos, llega el fin. No te equivoques, yo decido con mis cinco sentidos, canta Julia. Pero la que se equivoca es ella: son siete, y es muy afortunada por ello.

Y se va. Independiza a sus músicos, porque sabe que todo empieza y termina con un latido. Que ellos no son figurantes, sino protagonistas principales de sus maestrías. Y cuando solo el batería permanece en pie, el público comienza un latido y no pide; exige otra canción.

Y el latido comienza. Por eso vuelven con Atrévete, y por eso volverán una última vez, para volver a despedirse. Termina con un ritmo solitario. Es lento, lo suficiente como para desenganchar al público a la idea de lo que viene después.

Antes, un bajo. Una eléctrica, una acústica, un teclado. Seis músicos lentos, pero constantes y firmes, ascendiendo en intensidad y habilidad. Es un manifiesto: una declaración sobre su libertad.

Tal vez, por eso, Julia Martínez es la primera en abandonar el escenario de ClanDestino. No a sus músicos, porque no se puede abandonar algo que nunca se tuvo. Es su acompañante, al igual que ellos lo son de ella. Una simbiosis perfecta. Música.

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