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La Bodega de Serapio: el pasado madura en barrica, el futuro se sirve con elegancia

En Albacete, la Bodega de Serapio es una institución oculta a plena luz del día. Nos acercamos para hablar de su historia, servicio y futuro

En portadaLOCALES Y ESTABLECIMIENTOS

Escrito por:

C/ Menéndez Núñez, 8

MAÑANAS: 11:00 – 16:30 

TARDES: 18:00 – 24:00

 

CORREO:  info@labodegadeserapio.com

FACEBOOK: La Bodega de Serapio

TELÉFONO: 967 21 29 99

Hay quien piensa que las ciudades se limitan a ser lo que sus edificios hacen de ellas. Que nacen, cambian de piel y mueren en función de la época. Pero hay ciertos lugares que resisten contra el tiempo a base de fluir con él. Que mantienen su esencia adaptándola al espíritu del momento. La Bodega de Serapio es uno de estos lugares. De lagar y almacén de vinos, a vinoteca y tienda gourmet, Serapio es una institución en Albacete. Una prueba del paso del tiempo. Acompáñanos a visitarla.

La hiedra crece silenciosa sobre los muros del antiguo almacén, rehabilitado a modo de patio. La disparidad de colores de los taburetes y muebles genera un curioso contraste con el blanco que nos rodea.

Pero, ante todo, predomina una atmósfera de calidez, cercanía y familia. Tal vez lo sea por la sonrisa con la que nos atienden, o por el carro con el que el propio Serapio repartía vino, que nos vigila cercano.

Pedimos un par de vinos y un pisto manchego, que llegan con celeridad y saber hacer. Aurelia Navarro, encargada del local, nos dice que consumamos con calma.

Si queréis poner, os ponemos un mantel, como se hacía antes. Y si no, me tenéis aquí cuando queráis”, dice de buena gana. Aquí, la prisa se deja en la puerta.

En términos simples, es delicioso. Los vinos, Manzanilla y José Sanz, respectivamente, están fríos, bien servidos y aún mejores en paladar. El pisto manchego hace que desees desayunar, comer y cenar en Serapio todos los días. Y el pan, con sabor a rústico, acompaña todo con equilibrio.

Así pues, tras terminar nuestras consumiciones disfrutando cada gota de vino y bocado de pisto, acompañamos a Aurelia al local para entender la historia de la Bodega de Serapio.

UN SIGLO DE EV(IN)OLUCIÓN

El edicio data de 1902. De hecho, el suelo está inclinado hacia el antiguo lagar. Allí es donde se depositaba el vino que elaboraban aquí”, explica la encargada. “La barra no ha cambiado desde entonces, es la misma“, detalla sonriente.

“Progresivamente, se dejó de elaborar vino y se convirtió en una tienda, tal y como la conocemos”, relata calmadamente la encargada. “Serapio fue el último de su familia en heredar la bodega. Se dedicó completamente al vino y no tuvo hijos”.

Dentro, la bodega de Serapio proyecta otra idea de contraste. Los tonos ocres y grises dotan al antiguo almacén de una solemnidad categórica. Y los juegos de colores de cerveza y vinos refuerzan su presencia.

Es como una biblioteca de sabores y olores del pasado, perfectamente adaptada al futuro. El vino inunda cada milímetro de terreno de la bodega, centrando la psicología del local en la idea de ser eruditos de la enología.

Cuando Serapio falleció, el local estuvo cerrado durante un tiempo. Después, Antonio Pérez, mi jefe, pensó que sería una buena idea ‘restaurarlo'”, narra Aurelia. “Solo se hicieron pequeños arreglos; conservando tanto la estructura como la idea de la misma”.

Recorremos un par de salas situadas a la derecha para subir hasta el ‘gallinero’, una zona reservada para comidas. Allí, Serapio nos saluda, eterno en la luz de una fotografía de la época.

Mientras volvemos a la zona principal, Aurora nos cuenta un pequeño detalle de Serapio. “Aquí no tenemos refrescos ni café, ¿sabéis?”, explica. “A mi me sorprendió mucho cuando empecé aquí, pero con el tiempo, entiendes que nuestra política es dedicarnos al vino. Darle su merecida importancia“.

Le pregunto a Aurelia cómo ha cambiado el producto en Serapio. “Al principio, empezamos con muy pocas bodegas, algunas latas gourmet, un poco de jamón…”, explica poco a poco.

“Ahora, por ejemplo, nos traen las latas directamente desde Cambados, tenemos guisos envasados en lata con nuestro nombre, con los quesos igual…“dice orgullosa.

Pero sin duda, el producto estrella de Serapio es el vino. “Lo es”, afirma ajante la encargada. Y eso también tiene su propia historia.

TRABAJO, CALIDAD Y DEDICACIÓN

“En un breve resumen, tenemos poco vino, de calidad, y de muchas zonas geográficas“, continúa Aurelia. “Ribeira Sacra, Priorat, vascos, gallegos, malagueños, valencianos”…prosigue infinita la encargada.

“El criterio es la calidad. Al final, el vino depende del gusto, pero apostamos por gente que consideramos hace un buen trabajo”, detalla. “Trabajamos con bodegas muy pequeñas, de 10 o 12 hectáreas, que elaboran incluso en el propio garaje de su casa“.

Le comento que suena a intentar incentivar el comercio local. “Porque es eso. De hecho, los miércoles bisemanales hacemos cata gratuita a sorteo entre los clientes”, comenta Aurelia.

Serapio también ofrece una buena carta de cervezas artesanales. “Queremos algo exclusivo, y como sabemos que en Albacete somos muy de la cañita, queremos ofrecer algo distinto“, dice contenta Aurelia. “De la provincia tenemos Cetria, de Fuentealbilla“.

La carta también oscila entre lo local y lo nacional. Eso sí: de calidad. “Tenemos jamón serrano, ibérico, bellota, matadero, torreznos…”, enumera Aurelia. “Pero también tenemos pulpo y anchoas de Cantabria, carrilleras, escabeches…”, cuenta sin fin la encargada.

Nos despedimos garantizando pasarnos una segunda vez por el local. Mientras volvemos a la realidad de claxons y colores, recuerdo una cosa que Aurora dijo durante la entrevista. “Ahora es todo tan moderno, tan de…cristal“. Lo es. Pero más difícil aún es encontrar un sitio del pasado que haya sabido adaptarse a los tiempos que corren…y beben. La esencia de lo antiguo con un servicio acorde, correcto y riguroso, acompañado de productos de calidad. La Bodega de Serapio: un vino que se sigue madurando, cuyas añadas cambian de textura, pero no de sabor.

 

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