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La Garza Helados: una revolución de sabores a las puertas del verano

En La Garza Helados hay dos normas irrompibles: todo es natural… y ningún sabor es imposible. Descubre este local en la antesala del verano

En portadaLOCALES Y ESTABLECIMIENTOS

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Lunes a jueves: De 13:00 a 23:00

Viernes: De 13:00 a 1:00

Sábado: De 13:00 a 00:00

Domingo: De 14:00 a 22:00

Calle del Tinte, 19

Teléfono: 967 24 25 18

Facebook: La Garza Helados

Instagram: La Garza Helados

Sitio web: lagarzahelados.com

Redacción: Jorge Coloma Puga | Fotografía: Elena Martínez Velasco


De un tiempo a esta parte, cierta dinámica comercial ha optado por volver a lo tradicional. A la elaboración manual de los productos del ayer… con las técnicas y herramientas de hoy. A apostar por los sabores naturales y la eliminación de conservantes y químicos. Pero, en ocasiones, la tradición colisiona frente a frente con la vanguardia para ofrecer un resultado fuera de lo común. Esa es la idea que subyace tras La Garza Helados, situada en el número 19 de la Calle del Tinte. Una heladería que apuesta por sabores innovadores… con elaboración tradicional. Acompáñanos a visitarles.

UNA IDEA CON MUCHA QUÍMICA

Aterrizamos en La Garza el domingo a las cinco de la tarde. Por fuera, luce como un establecimiento discreto al que no le falta decoración ni adornos. Por dentro, La Garza escapa de la idea de ser una heladería express: los tonos crema, sofás y mesas invitan al cliente a quedarse ahí.

Es así como conocemos a Celia Núñez Olarte, la propietaria de La Garza Helados. Celia es maestra heladera, y lleva al cargo de La Garza desde su inauguración, en 2015. Se encarga de la preparación de todo lo que pasa por la tienda. Y cuando decimos todo, es todo. “Quería que fuese un sitio que diese una sensación de fresco, de claro, de limpio. Un sitio donde poder quedarse”, desgrana Celia al hablar. “Aquí no ha pasado ningún decorador: esto es todo idea nuestra”, sonríe.

Soy maestra heladera. Había estudiado en la Universidad de Bilbao y, hasta hacía cuatro años, estaba vendiendo helados a restaurantes. Hasta que decidí dar el salto a La Garza”, explica firme.

Y… ¿por qué La Garza? Es un nombre extraño para una heladería. “Precisamente por eso”, apunta la heladera. “Quería distinguirme; no utilizar términos como gelato o rossini. Y un día, estaba de excursión con mi marido y una garza se nos cruzó en una laguna. Y me pareció fresco, sin más”, ríe.

¿Cuál es la idea que se esconde tras ese pájaro? “La idea es volver a los orígenes del helado artesano, tal y como se hacía antiguamente. Y eso se consigue utilizando materia prima natural. En La Garza no utilizamos colorantes, aditivos ni grasas naturales. Todo es fruta, frutos secos, leche fresca que importo desde Zamora, nata fresca… y elaboración directa.

Es aquí cuando decidimos solucionar una de las dudas más grandes de la existencia humana: ¿cómo se hace un helado? “El helado es una fórmula química. Nosotros tenemos que conseguir que un producto cuya base es agua se hiele a 0ºC y esté cremoso a -16ºC”, explica Celia.

“¿Cómo se consigue eso? Equilibrando proteínas, grasas y azúcares a través de una fórmula con proporción. Uso productos anticongelantes: miel, yema de huevo… y dextrosa y fructosa. Equilibrando eso, consigues la cremosidad, y a partir de ese punto, los sabores dependen de ti y tu creatividad”, concluye. “También tenemos una línea de helados light, que los hacemos con una base de agua, y los helados para diabéticos, hechos con estevia“.

ELABORACIÓN TRADICIONAL, VISIÓN RUPTURISTA, EXPERIMENTACIÓN CONSTANTE

Un sitio que ofrece helado de queso manchego y de torrija tiene que ser creativo sí o sí. Celia recuerda de memoria todos los ingredientes que utiliza para ambos helados. “Queso semicurado del Bonillo de Hermanos Plaza, que son encantadores, leche, nata, azúcar y miel para el de queso”, recita rápidamente.

Celia nos cuenta que es la tradición heladera vasca la que la impulsó a buscar este tipo de sabores. “El helado de queso y azabal, el de queso de cabra… son típicos del norte, y trato de traer a Albacete sabores que no están. El de torrijas, por ejemplo, se me ocurrió para Semana Santa. Al igual que el nazareno, un helado de torrija con un cucurucho a modo de capirote y chocolate caliente“.

¿Cuáles son los emblemas de La Garza? “Yo diría que el helado de pistacho que tenemos es el mejor que he probado en España“, afirma Celia con seguridad. “Es por una circustancia particular: tengo pistacheros en casa. Y el proceso de tostarlos, triturarlos y salarlos corre a mi cuenta. No compro absolutamente nada para el helado, y ese proceso le da un sabor a fruto seco muy natural”.

“Y después de eso, en lo que yo llamo gourmet“, avanza la heladera, “tenemos el helado de té verde, con lima y jengibre. Ese lo vendo a varios restaurantes”, detalla. “Digamos que un cincuenta por ciento de los helados son clásicos. El otro cincuenta por ciento se crea sobre la marcha a través de la experimentación constante“, ríe.

La Garza Helados también cuenta con una sección de repostería clásica. Polos, tartas, profiteroles, copas… “Pero ojo, no por ser repostería significa que el proceso sea distinto. Todo lo que hay en La Garza es absolutamente natural. Y la semana que viene cambiamos gran parte del stock. Creo que esa es la magia de La Garza: que cada semana, el cliente encuentra algo nuevo que probar“, afirma.

“Esta semana, por ejemplo, tenemos helado de cerezas porque, sencillamente, conseguí una buena partida de cerezas en la lonja. Si no, hubiese sido otro”, narra. “Es que me aburro si mantengo siempre los mismos sabores”, reconoce Celia entre risas.

“Por supuesto, mantenemos los clásicos: vainilla, menta, chocolate… ¿pero el resto? Cambian cada semana”. “De hecho”, cuenta en secreto Celia, “la semana que viene tendremos un helado de pera con canela y el salt caramel, un helado de caramelo salado estadounidense“.

¿Y cuáles son los helados fetiche entre los clientes? “El helado de queso manchego triunfa muchísimo“, dispara Celia sin pensarlo dos veces. “Combinado con membrillo y miel. Y también gusta la leche merengada, el arroz con leche, nata con nueces… En Albacete encanta el helado con leche, en general”.

Y al terminar la entrevista, degustamos nuestros helados. Hemos pedido cuatro chupitos de helado: queso manchego, maracuya, pistacho y albahaca con fresas. Los sabores resultan naturales, frescos e intensos; muy lejos del resultado conservador que ofrecen demasiadas heladerías. Cada sabor se distingue por sí mismo y deja ecos de su origen en el paso por el paladar. Están, sencillamente, deliciosos. Y la perspectiva de caminar por el centro en verano y poder disfrutar de un helado natural e innovador resulta muy tentadora. Al fin y al cabo, vivimos para evolucionar, y no para quedarnos en frío. Porque si conocemos las bases de algo, podemos experimentar con ello hasta convertir su tradición… en una pequñea revolución.

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