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Maldito Festival de Videopoesía, o cómo buscar la luz a través de la luz

Así fue la presentación de los finalistas del Maldito Festival de Videopoesía el pasado jueves 25 de octubre en la Sala Liberbank.

ASÍ PASÓ

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Este jueves 25 de octubre, un edificio perteneciente a un banco hizo balance de rimas entre sus grises muros. El festival de videopoesía Maldito abría las puertas de la sala Liberbank a las ocho de una tarde algo fría. Organizadores, participantes y familiares se saludaban con cariño para ver las quince obras finalistas del evento. Yo subía las escaleras a medio peldaño entre la alegría, el miedo y la excitación. Era mi primera cita con la “videopoesía”, un concepto al que conocía de lejos, pero al que nunca había saludado. Y me aterraba no poder hablar de ella de forma coherente.

Cuando tenía dieciséis años, gané un certamen de poesía del Ayuntamiento de Albacete. Hice un texto que hablaba de la monotonía y la rutina; más pretencioso que bello. Durante años seguí a ciertos creadores, pero siempre creí que mi visión al respecto era más ignorante que válida. Es un temor que se hace eco mientras Javier, director de Maldito, se presenta y agradece la presencia del público.

Los speakers se suceden rápido, con discursos cortos  y precisos, centrados en recalcar el valor del arte en nuestros tiempos. En palabras del organizador, “los protagonistas son los creadores, no nosotros”. Y tras unos minutos, las luces comienzan un fade para dejar que la lucidez brille por su presencia. La lucidez de buscarle el sentido a inefables y realidades por igual.

 

PAN, LENGUA, ANIMAL, RAYO

Celia Parra hornea el telón con Adondar a lingua, un vídeo sobre la herencia emocional y lingüística de la familia. El poema, en gallego, se amasa lentamente, con planos detalle de brasas, ceniza y harina mojada. Oigo el crepitar del piano y pienso que, en términos estéticos, la dimensión visual de la obra es sencillamente preciosa. Se centra en una abuela que hace pan, con disparos cercanos y un ritmo lento, como el proceso de hacerlo.

Pero Celia dirige sus rimas hacia la familia, hacia las relaciones construidas con tiempo, experiencia y cariño; como el pan. Su lengua habla de forma emotiva sobre lo que significa crecer de cero al lado de alguien, aprender y admirarle.

Y, al final, cuando la vida y muerte nos separan, tener algo de ellos de nosotros mismos. Para Celia, el pan es su lengua: el gallego. Y siento un nudo en la garganta cuando la luz desaparece y Parra dedica su obra a su fallecido abuelo. Su herencia es el idioma del trigo.

Eduardo Bravo limpia la harina del mostrador con Destruir la imagen, una obra oscura y bestializada sobre el ser humano. Un hombre y una mujer, casi desnudos, retuercen sus cuerpos en una habitación a oscuras, desfigurando su propia humanidad.

Sin más sonido que la voz, el poema nos dirige hacia los rincones más oscuros de nuestras mentes. Luz y sombra se proyectan en ángulos viscosos sobre la piel de los actores, al igual que en nosotros mismos. Allí donde la desesperación no encuentra nada que la frene, Eduardo ahonda en el caos y el nihilismo.

Tras él, un relámpago de bombo y caja a ritmo de cuatro por cuatro cambia el ritmo del certamen. El rayo que no es, de Sergio Delicado, es un rap sobre la vida y muerte del poeta Miguel Hernández. Grabado en una casa en ruinas, el vídeo utiliza timelapses y plantillas de graffiti, cuyas letras se tachan y sobreescriben.

Hasta ahora, la textura de las imágenes predominaba, pero Delicado hace del montaje del vídeo la delicia de su obra. Las palabras y frases mudan su piel con borrones y colores, reforzando y complementando las barras que escupe el MC.

 

LAS DIMENSIONES DE LA LUCIDEZ

“La clave está en el número de dimensiones”, concluyo. Un poema puede leerse, o escucharse si es recitado. Pero un videopoema se lee, se escucha, se ve, se saborea y se percibe. El sonido ambiente, el ritmo del vídeo y del texto, las luces y sombras, el propio vídeo, su montaje. Capas de luz y lucidez apiladas sobre sí, que utilizan los fotones y las vibraciones del aire como accesorios principales.

El cubano Adel Pereira homenajea la poesía experimental con Estatismo de Lázaro, una obra compleja que no logro entender. Me cansé de esos hombres, dice el mexicano Adrián Casanova, como grito murmullado contra los seres grises que dominan el sistema. El vídeo francés Télémaque, renderizado de forma obsoleta, reflexiona sobre la frontera entre vida real y digital; difusa hoy día.

Hay muchos más. ¿A dónde vas, Homero, con tu abrigo viejo?, recita el rapero Pablo Hasél en la obra del Colectivo Artístico KRAK. Homero es un vagabundo, un hombre sabio al que el sistema convirtió en un residuo por sus propias lógicas económicas. Eduardo Yagüe habla de la soledad de los ancianos viudos en ¿Qué es el amor?. El rostro del protagonista viudo y el silencio de un hogar compartido durante una vida entera duelen sin que sean míos. “Yo creo que es la luz del sol iluminando la mesa del desayuno una mañana de Julio”, recita. El amor de un mismo “buenos días” que, sin más, se va, como se va la vida.

 

EL ESPACIO DE LA LUZ

Lefters, de Luis Germano, es una declaración de guerra abierta a la homofobia en envase de anuncio de perfume. Accident de personne abre las vías de las ideas de suicidio y la soledad por la que no se nos pregunta. Hay más, pero las noticias no son poesía, aunque siempre se intente. Y la proyección de finalistas del festival de videopoesía Maldito apaga la lucidez para devolver la luz a la sala.

Podría decir que el público estaba visiblemente emocionado, pero lo cierto es que no lo sé. Cada uno expresa las emociones a su manera: palabras, miradas, luz, sonido. Sé que yo lo estaba, que muchas de esas obras habían movido hilos que creía deshilachados en mí.

Y aunque sigo sin creer que pueda hablar de poesía, Maldito me ha regalado una razón para entenderlo. La poesía es un lenguaje polifacético y multiforme, que oscila tanto en su creador como hacia su intérprete. No es un idioma estático, sino que se reinventa a través de cada dimensión que existe. Cada poeta, cada creador no es sino un explorador de la física y la psicología; todo a la vez. Y la excitación gana al miedo, mientras  abandono un edificio perteneciente a un banco; allí donde las rimas enumeran vidas.

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