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Mercado de Navidad de Albacete: dulzura, humildad y autonomía

Recorremos la Plaza del Altozano visitando el tradicional Mercado de Navidad de Albacete entre artesanía, embutidos, alimentos y abejas.

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Escrito por:

Mercado de Navidad de Albacete: Calle Francisco Fontecha y Plaza del Altozano.

XXVII Feria de Artesanía: Plaza de la Constitución.

MAÑANA: 10:30 a 14:00 H

TARDE/NOCHE: 17:00 A 21:00 H

Abierto desde el 20 de Diciembre de 2018 hata el 5 de Enero de 2019.

Cerrado los días 25 de Diciembre y 1 de Enero por las mañanas.

Redacción: Jorge Coloma Puga | Fotografía: Elena Martínez Velasco


Existe una manera de andar que, por extraño que parezca, solo se produce en Navidad. Aparece cuando nos dejamos llevar por las calles, sin prisa, al resguardo del frío y en compañía. Cuando nosotros, y no nuestras prisas u obligaciones, dictamos qué hacer con nuestro tiempo. Así parecía sentirse todo el mundo ayer en los 30 puestos que componen el Mercado de Navidad de Albacete. Y, en esta visita anual, descubrimos colmenas, denominación… y autonomía.

CINCUENTA METROS DE MIL OLORES

Nuestro viaje comienza donde la calle del Rosario  se agarra a Francisco Fontecha. Allí comenzamos nuestra odisea hacia el Altozano, no sin antes parar en una churrería que nos derrite el frío. “Sacadnos bien en las fotos”, ríen varios chicos andaluces mientras amasan la materia prima.

Continuamos a ritmo lento entre apretones, gritos de niños y un millar de olores dispersos en el ambiente. Un puesto a nuestra derecha aglutina a más gente de lo habitual. Es el de Víctor Olivas, un apicultor autónomo de Albacete que ha venido de viaje al mercado… con sus abejas.

“A la gente le llama mucho la atención. Así conseguimos que se fijen en un producto completamente puro”, explica Víctor. “Los grandes envasadores mezclan la miel, no dan un precio fijo y perdemos reputación“, relata con aspereza.

Proseguimos nuestro camino hacia la plaza fotografiando todo y pensando en néctar y vuelos, cuando nos llaman de un puesto. “Si os voy a joder la foto con esta cara, me quito“, ríe Rafael. Él y su compañera Macarena vienen de Cantimpalos, Segovia, allá donde el chorizo no es embutido, sino institución.

Rafael y Macarena se interesan por nosotros y nos ofrecen probar el famoso chorizo y su queso. Cuando lo rechazo, Rafael oscila entre la reprobación y la incredulidad: “Tú no sabes lo que es bueno…, me mira divertido.

Y antes de entrar en el corazón del Altozano, tras una travesía de cinco minutos hechos media hora, paramos a por especias y tés. Antonio Trivalta, de Valencia, dirige este puesto, donde también pueden encontrarse hierbas medicinales.

Las que mejor se venden son aquellas para adelgazar, ¡pero hay que seguir la dieta bien!“, ríe.

LUCES Y CRISTALES IMPOSIBLES

Por fin, alcanzamos nuestro objetivo: el Altozano se abre ante nosotros. En esta media hora, aproximadamente seiscientas personas deben haber recorrido la plaza y la calle. A nuestra izquierda, un puesto aglomera a más de treinta personas.

Conducidos por nuestra curiosidad, conocemos a Miguel Palos, un soplador de vidrio gallego. Su tienda es una invitación descarada a la vista: no todos los días podemos ver cristal derretido en formas imposibles.

Y aunque estamos rodeados de luces, hay una que brilla por su más absoluta presencia. La simpatía, cercanía y calidad de productos y productores. Hasta el momento sólo hemos notado cariño, producción elaborada artesanalmente y calidez; mucha calidez.

Nos desplazamos hacia la zona izquierda del Altozano, donde el olor a currywurst  y los gritos de niños prometen un estómago lleno y una tarde de juegos para los más pequeños.

Y de ahí, volvemos a la parte final de nuestro viaje, no sin antes examinar la cerámica que se acumula en las cercanías de la fuente del Altozano.

Y así, cerramos nuestro viaje saliendo desde el Altozano al Paseo de la Libertad… rodeados de luces. Luces de todos los colores, intensidades y formas. Luces que alumbran juguetes manuales, grabados caseros, joyería, inciensos y chucherías. 

Y que también alumbran la XXVII Feria de Artesanía en la Plaza de la Constitución, que tienes que visitar sí o sí. 

Son las luces del pequeño comercio, del feriante que deambula por España según el calendario de fiestas. Un feriante que no tiene Facebook, al que no podemos etiquetar en en fotos, y que sin embargo cree en el valor del producto artesano.

Un feriante que bien merece media hora de nuestro tiempo. A ritmo lento, sin prisas, rodeados de los nuestros. Disfrutando de las luces y olores de nuestro entorno.

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