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‘Mr Fantastic!’, la prueba de que la magia está en los más pequeños

Descubrimos, gracias a Francis Zafrilla y a todos los pequeños que se reunieron en la Casa de la Cultura para ver ‘Mr. Fantastic!’, dónde reside realmente la más pura magia.

ASÍ PASÓEn portada

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“Hace unos meses vi a un señor que fue capaz de hacer una mesa volar, ¡y lo hizo porque encendió una vela!”. Exaltada e ilusionadísima, una pequeña niña rubia con coleta comenta sus aproximaciones a la magia con su compañero, también de no más de 7 u 8 años. “¡Pero eso es imposible! ¿O no?”, duda su acompañante, de pelo rizado y cara traviesa. “¡Claro que sí, tonto. ¡Es que era un mago! Nosotros no podemos hacer esas cosas, pero los magos sí”, responde la pequeña. Ambos se sientan a mi derecha y no paran quietos, revolucionados por la emoción de poder ver el espectáculo ‘Mr. Fantastic!’ acompañados de sus mamás.

Son las seis de la tarde en la Casa de la Cultura José Saramago, un jueves 21 de febrero. El Festival Internacional de Circo y Magia de Albacete ha convocado a todo un auditorio completamente abarrotado, lleno de niños y niñas acompañados de sus familiares y dispuestos a disfrutar de un buen rato de la mano del mago Francis Zafrilla. “¿Qué es la magia?”, comienza introduciendo una presentación en vídeo en la que Francis es continuamente interrumpido por un teléfono. Y, aunque la explicación no puede terminar debido a esas interrupciones, tras una hora de espectáculo cualquiera de los asistentes puede hacerse una idea bastante clara de dónde reside la magia.

UN AYUDANTE BOICOTEADOR QUE NO CONSIGUE PARAR LA MAGIA

Francis Zafrilla sube al escenario y comienza, en un montaje lleno de confeti e ilusión, haciendo su propia versión de ‘Cuidado con Paloma’ de Emilio Aragón. Pero su letra particular viene a advertir a los allí presentes de algo completamente diferente: ‘Cuidado con la magia, que me han dicho que enamora’.

Mr. Fantastic!

Mr. Fantastic comienza avisando de que es consciente de que, para los peques, es una hora “un poco rara”. “¿Quién ha merendado esta tarde?”, pregunta, y una avalancha de niños levantan sus brazos, agitados. El motivo de la pregunta espera encima de una mesa colocada a la izquierda del escenario. Zafrilla cuenta que ha traído un bocadillo de aceitunas con mortadela para compartir con todos aquellos niños que no hayan tenido oportunidad de echarse algo al estómago a media tarde.

Sin embargo, cuando Mr. Fantastic revisa la bolsa en que debía estar el bocadillo, está vacía. Lo que él no sabe -aunque sí todos los pequeños, que han podido ver lo que sucedía en escena-, es que su compañero y aprendiz de mago, Josemi Alarcón, se lo ha hurtado cuando él no prestaba atención.

Mr. Fantastic!

“Alguien ha visto mi bocata?”, dice Francis, mosqueado. Pero como los niños son justos y reivindicativos, levantan en multitud sus dedos acusadores. “¡¡Ha sido él!! ¡¡ha sido él!!”, gritan a coro. Y esto es solo uno de los muchos trucos que un Alarcón, bailarín, cómico y divertido, intentrá boicotearle a Francis durante el espectáculo. ¡Menos mal que Francis es mago y es capaz de solucionarlo siempre, y que cuenta con su pequeña mini-guardia dispuesta a velar por garantizar que el espectáculo siga adecuadamente con su curso! Y no solo encontrarían el bocadillo, sino que también serían capaces de hallar dentro de la bolsa otras cosas, como una bola de bolos o un pez en su propia pecera.

SUGUS, ZAPATOS ‘TALLA 45’ Y UN BILLETE DE 20€ DESAPARECIDO QUE SE HACE DE ROGAR

Pero ¡el espectáculo debe continuar! Francis y Alarcón, protagonistas de Mr. Fantastic!, deleitan a jóvenes y no tan jóvenes con varios trucos. Hay luces, desapariciones de objetos y, como decíamos, algún que otro boicot de Alarcón que la magia de Francis soluciona fácilmente. Solo hay que gritar la palabra magica: ¡abracadabra!

Mr. Fantastic!

Los magos, siguen contando, compran en una tienda específica en la que solo pueden comprar magos, que se llama ‘Magiazon’. Alarcón ha comprado un truco llamado ‘Talla 45’, y han de practicarlo delante de la mini-guardia. Un pequeño ilusionado, Diego, sube el zapato de su papá, Pedro, y recibe una avalancha de aplausos. Y, ante el miedo de Pedro por el bienestar de su zapato, Zafrilla y Alarcón sorpreden a los asistentes: no solo se conserva en perfecto estado tras el truco, sino que además son capaces de sacar un vaso lleno de líquido, no derramado ni lo más mínimo, de dentro de él.

Mr. Fantastic!

Francis, después, comenta que ha traído tres kilos de ricos sugus para compartir con los ‘peques’. Pero, cómo no, ¡Alarcón se los ha comido! Pero eso no es problema para Francis, que con una llamarada de magia hace que un montón de estos dulces de colores reaparezcan dentro del bol. Estos serán repartidos entre los niños a la salida, y la noticia les llena de alegría.

Mr. Fantastic!

Tras varias actuaciones más, una lección sobre qué son las palabras mágicas conocidas como palíndromos, una muestra ‘magia clásica’ con la música adecuada de acompañamiento (o no) y un montón de risas, viene el último truco. Un papá deja a los magos un billete de 20€, del cual el mago rompe un trocito ante el público. Francis da ese pequeño trozo al propietario, que está acompañándoles en el escenario, ¡pero se traga el resto! El resto de la performance prosigue a la búsqueda de un limón en el que, por arte de magia, deberá reaparecer el billete sin ese pequeño trozo que Francis se ha tragado. “Mañana por la mañana, después del café, lo hago reaparecer y te lo devuelvo”, bromea Francis, despertando una carcajada general.

Pero, tras muchos intentos fallidos de encontrarlo en limones depositados por toda la sala o incluso dentro de una piña, al final el billete reaparece en el lugar menos esperado: ¡dentro de un rotulador en el bolsillo de su propietario! Y, además, sigue faltándole el trozo exacto que el dueño del billete seguía conservando. Y es que… ¡la Saramago tiene magia!

EL VERDADERO LUGAR DONDE RESIDE LA MAGIA

“Fijaos que los que hacen magia de verdad sois vosotros”, comenzaba diciendo Mr. Fantastic al principio del espectáculo. Y, después de una hora, es fácil concluir que no le faltaba ni un ápice de razón.

Mr. Fantastic!

La magia no está en otro sitio que en las manos exaltadas de los niños que quieren ser voluntarios. También está en esa niña de a mi lado que cree en el poder de los magos, en las carcajadas ante los boicots de Alarcón, en sus gritos de sorpresa cuando un truco sale bien. Está también en esa niña que no puede contenerse de emoción y se levanta a bailar al pasillo del auditorio, emocionada, mientras suena la canción final del show. La magia, en definitiva, no está en Francis ni Alarcón, en los ‘abracadabra’ ni en varitas, sino en todos esos niños y niñas que la han disfrutado. Está en sus sonrisas. Y es que no hay magia más pura y bonita que esa.

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