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‘Noches de agosto’: una mirada en equipo contra la depresión

‘Noches de agosto’ es la exposición de José Manuel Escribano, un hombre que sufrió una depresión, escribió un libro, y confió en el arte

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Escrito por:

23 de mayo de 2019 – 23 de junio de 2019

Calle Jesús Nazareno, 1, 02002 Albacete

Facebook: Buena Pinta

La depresión es una enfermedad que reconfigura a las personas. Invisible cuando se decide ocultarla, a plena vista una vez la persona se reconoce inmersa en ella. Pero hay luz al final del túnel: amistad, familia, vínculos… y arte. José Manuel Escribano, escritor y cuentacuentos, decidió enfrentarse a ella con ‘Noches de agosto’. Una exposición de ilustraciones que nace a través del libro homónimo que escribió. Fueron Alicia Correa y Cristina Gómez quienes ayudaron al escritor a dar imagen a sus textos. Y nosotros hablamos con él.

TE DOY MIS PALABRAS

‘Noches de Agosto’ cuenta con más de una veintena de piezas de diverso formato. Aunque el blanco y negro dominan gran parte de la exposición, nunca falta el hueco para el color. La acuarela y la tempera dominan el lienzo; convirtiendo las palabras de su autor original en reinvenciones estéticas.

“Siempre he trabajado de cara a los niños: talleres para infantes, animación, biblioteca infantil…”, explica José Manuel. “En un determinado momento, quise dar un giro y hacer algo más adulto. Y me llamó mucho todo lo que rodea a la depresión, adicciones, soledad y demás”.

¿Por qué? “Porque yo lo he sufrido y padecido. De hecho, el libro de ‘Noches de agosto’ nace de un momento jodido para mí. Es un puzle de historias que escribí al estar sumido en una depresión“, confiesa con un hilo de voz.

Para José Manuel, escribir un libro se convirtió en su propia terapia… y en su propia luz. Reflejar su dolor no le convirtió en víctima de sí mismo: también le ayudo a reconocer su proceso de mejora. “Inconscientemente, iba narrando como iba mejorando poco a poco. Y cuando me di cuenta de que quería editar esta historia, entendí que era demasiado íntimo. Demasiado personal. Necesitaba otra mirada“.

Fueron los ojos de las pintoras Alicia Correa y Cristina Gómez los que sostuvieron la mirada de José Manuel. “Con ellas, nace la idea de ilustrar todo: microrrelatos, micropoemas…”, recuerda José Manuel. “Y no se trata únicamente de reflejar mi trabajo; sino de reflexionar sobre él. Ellas me mandaban sus impresiones, y en muchas ocasiones yo reinventaba los textos en base a sus ideas”.

Costó un año entero convertir ‘Noches de Agosto’ en una colección de ilustraciones. “Hice un llamamiento por redes sociales para encontrar ilustradores“, ríe José. Alicia llegó primero. Durante los tres o cuatro meses iniciales, la comunicación fue telemática con ella. Por aquel entonces, Alicia estaba en México.

“A Cristina, por otra parte, la conocí en Salir con Arte”, detalla Escribano. “La conocí a través de Salir con Arte, y me fascinó su forma de ser. Pero una vez entrados en arte, me di cuenta de que su trabajo se complementaba con el de Alicia. Y ahí dije: ‘ya está. Ellas dos darán imagen a mis palabras'”.

UN LIENZO DE PALABRAS

¿Cómo ha sido relegar algo tan delicado y personal en dos personas totalmente ajenas? “Es mucho más fácil hablar de cosas serias con un desconocido: alguien que no va a juzgarme, que no me conoce. Una persona que, en definitiva, no esté ‘envenenada’ por conocerme: un folio en blanco”, especifica José. “Que tenga una mirada sin contaminar”.

Al comenzar un poco antes, fue Alicia la que tuvo prioridad sobre ciertos textos. Cristina apareció después; pero ambas retroalimentaban al escritor. “En ocasiones”, ríe José, “ambas me ilustraban el mismo texto. El problema es que ambas ilustraciones eran tan buenas que no sabía cuál elegir“.

El veneno del patrón también inundó parte de los textos de Escribano. “Hay muchas figuras que se repiten a lo largo del texto, y que ejercen como pilares narrativos de la historia. De ahí que hayamos tenido que añadir nuevos textos para que las ilustraciones sean más heterogéneas“.

Pero, después de un tiempo, la conclusión de José Manuel es clara al respecto. “Al restarle carga emocional, que es lo que te da la subjetividad a la hora de valorar…”, piensa Escribano. “Te das cuenta, y es precioso, de que fuera del sufrimiento hay ‘obras de arte’: aquello que sigo viendo y me sigue conmoviendo”; concluye. “He visto crecer piezas que se han unido y fusionado tan espectacularmente que, fuera de los sentimientos, han llegado para quedarse“.

“Y lo más increíble de esto”, subraya Escribano, “es re-descubrir que las personas no somos islas. Que estamos conectados unos a otros y nos necesitamos los unos a los otros“. Especialmente, cuando pasamos por un proceso vital duro. Es ahí cuando los lazos florecen, y cuando el auténtico arte sale a relucir. En una estrellada noche de agosto, por ejemplo.

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