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Pausa Bar: al corazón le quedan sueños en el mercado

Desayunamos en Pausa, el bar de la Avenida Gregorio Arcos donde se trabaja con el corazón en la mano y con productos del día a la vista.

LOCALES Y ESTABLECIMIENTOS

Escrito por:

C/ Avenida Gregorio Arcos, 3

Lunes a sábado: 7:00 – 19:00

Domingo: Cerrado.

Teléfono: 634 44 70 34

Redacción: Jorge Coloma Puga | Fotografía: Elena Martínez Velasco


En ocasiones no somos conscientes de que las pequeñas elecciones cambian gran parte de nuestras vidas. De que, sin apenas darnos cuenta, una decisión puede atraparnos en algo que no nos llena. Tal vez, por esa razón, Juan Pedro Oliver decidió tomarse una pausa al abrir su homónimo local. El Bar Pausa, en la Avenida Gregorio Arcos 3, es mucho más que un lugar para desayunar y degustar menús exóticos. Es el hogar de una filosofía de vida basada en el amor a la cocina y en el respeto a uno mismo. Una sinfonía de cubiertos y planchas para los sueños, inquietudes, y obstáculos que nos rodean. Y mucho más.

UN HOGAR A MEDIDA

Aunque los azulejos exteriores de Pausa arrojan una impresión clásica, es su interior lo que anuncia una experiencia diferente. Sus muros contienen ladrillo, metal y madera a partes iguales, de forma cuidadosamente ordenada y brillantemente pulcra. Entre el grill americano y las nuevas corrientes madereras de restauración, su interior advierte de que algo nuevo está por llegar.

Y sin embargo, el ojo cae en el lugar más insospechado de este bar: sus pizarras. Rellenas de dibujos hiperrealistas hechos a mano alzada de tiza, es imposible no dejarse absorber por su belleza y advertencias sobre lo que encontraremos. Corren a mano del experimentado escritor de graffiti albaceteño Juangacedos.

Pero más allá de su decoración, Pausa es un local luminoso y cómodo, de tonos marrón crema. La calmada atmósfera, llena de conversaciones matinales y música de fondo crea una atmósfera de tranquilidad y reposo.

Pedimos un bocadillo y unas tostadas con tomate con un par de cafés y, mientras llegan, charlamos con Juan Pedro Oliver. Gerente, creador y soñador del bar Pausa, Juan Pedro nos explica cómo nació esta idea.

¿A QUÉ QUIERO DEDICARME?

Desde pequeño siempre he estado metido en hostelería. Recuerdo que quería que llegase la hora de salir del colegio para irme al bar de mi padre”, ríe Juan Pedro. “Hasta hace unos años tenía un restaurante llamado Tape Arte, y hacíamos las cosas bastante bien”, explica. “Pero me saturé“, cambia el tono Oliver de golpe.

“Entiéndeme”, detalla. “Tienes veintipocos años y quieres estar por ahí, pero no puedes porque tienes tu negocio lleno todos los días”, relata deprisa. “Implicaba echarle quince, dieciséis o incluso dieciocho horas diarias, siete días a la semana durante siete años“, detalla.

“Pero al final vamos a eso, a la esencia y al respeto a uno. A que si tengo que echarle diez horas a algo para vivir, ¡que sea algo que me guste de verdad!“, dice ilusionado. “Por eso abrí Pausa hace un año. Para buscar un buen producto y servicio, ambiente joven, y materia de calidad”, resume Oliver justo antes de que el desayuno aterrice.

EL DÍA A DÍA DE UNA COCINA… LITERALMENTE

Si hablamos de Pausa, hablamos sí o sí de cocina de mercadoMira las vitrinas: ahora mismo están vacías. A mediodía están llenas. ¿Por qué?”, pregunta Juan Pedro al aire. “Porque o voy al mercado o llamo a mis proveedores para ver que tienen fresco. Aunque tenemos carta, gran parte de nuestro producto diario se basa en lo que hay aquí y ahora”, responde.

La carta de Pausa abarca desayunos, bodega, carnes, arroces y postres, pero brilla por sí misma en las especialidades. Hablamos de un restaurante que ofrece tataki de atún, micuit de foie con queso de cabra o donuts de berenenjena, entre otros.

“Ni siquiera tenemos un congelador debido al formato de comprar a diario. Y eso, a veces, es duro. Muchas veces quisieras vender más pero la materia se acaba. Otras, no llegas a venderlo y toca reaprovecharlo en el día“, explica el gerente.

Preguntamos a Juan Pedro si hacen falta unos conocimientos especializados para abarcar tanto su modelo como las especialidades que ofrecen. “Pausa se lleva entre tres personas: mi padre, mi amigo y yo. Lo único que hace falta es poder, saber y querer ponerle cariño a las cosas“, resume decidido.

Degustamos el desayuno mientras charlamos. El bocadillo está increíble, y desprende ese sabor a frescura tradicional del que habla el gerente. Los huevos saben a campo, de la misma forma que el aguacate de las tostadas rejuvence.

“Ah, y también ofrecemos menús cerrados de degustación”, recuerda el chef de pronto. “El menú desgustación gira en torno a una serie de platos con un ingrediente común. Hasta ahora, hemos probado con éxito el queso manchego y el atún rojo“, analiza. “Los publicamos con tiempo en Facebook, pero que la gente se dé prisa, que a las dos horas lo tenemos lleno“, ríe.

VIVIR DE UN SUEÑO

Este es mi sueño, la verdad. Llevo pensando en esto toda la vida“, confiesa el gerente, que desprende una tremenda seguridad en sí mismo y su idea. “Disfruto igual de hacer un buen bocadillo que de trabajar con un solomillo. La historia está”, dice haciendo una pausa, “en que esto es muy complicado de hacer con diez o quince personas“.

“Lo que buscamos en Pausa es dar a la gente un hogar al margen de su casa. Un sitio donde estar tranquilos y disfrutar de una buena comida. Un lugar que invite a lo hogareño y a probar cosas nuevas con sabor real“, concluye Juan Pedro.

En ocasiones, somos conscientes de que las pequeñas elecciones cambian gran parte de nuestras vidas. De que una decisión puede atraparnos en algo que nos llena. Y si notamos que eso falta, lo mejor es tomarse una pausa para pensar dónde está la dirección a la que aspiramos y cuál es el siguiente paso. Y por eso te recomendamos Pausa: para aprender del valor de los sueños y degustar su ejecución en un ambiente cálido. En una jornada donde sus creadores viven de lo que verdaderamente quieren hacer.

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