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Pedro Luján: los 90 molan, solo nos pillaron a destiempo

Así fue el concierto de Pedro Luján el viernes 20 de octubre en Awenn, en que versionó famosos himnos de los 90.

ASÍ PASÓ

Escrito por:

Redacción: Jorge Coloma | Fotografía y vídeo: Elena Martínez 


 

Tengo veinticuatro años. Entre otras muchas cosas, mi edad implica que la música española de la década de los 90 me pilló a destiempo. La banda sonora de mi adolescencia cuenta con nombres como Violadores del Verso, Maldita Nerea, Love of  Lesbian y Marea. Recuerdo sus canciones a la perfección porque las hice mías; porque proyecté mis historias y a mí mismo en ellas.

Y sin embargo, cuando un tema de M-Clan, Nacha Pop u Hombres G irrumpe en mi coche, canto su letra sin vivirla del todo. ¿Por qué? Creo que, sencillamente, no hice mías esas canciones porque no me acompañaron cuando la música se volvió algo verdaderamente importante para mí. No eran hits ni bombazos desconocidos; sólo la herencia musical que nos dejaron unos adolescentes algo entrados en carnes.

Pedro Luján es uno de ellos: un adolescente eterno, un megáfono de himnos de la post-movida madrileña. Y gracias a él, creo que ahora entiendo un poco mejor cómo hacer míos unos temas que nunca fueron para mí.

Pedro Luján, en concierto en Awenn

Son las diez de la noche de un viernes 19 de octubre en Albacete. Disfruto de una copa en Awenn, un cómodo, espacioso y luminoso pub en la calle Teodoro Camino. Las luces del local empiezan a proyectar una noche calmada sobre una pequeña tarima repleta de cables, pedales de guitarra y pre-amplificadores. Sobre ella está Pedro Luján; cantautor canoso, enérgico y natural de Fuentealbilla (Albacete), calentando una voz experimentada y afinando por última vez su guitarra.

La palestra llama mi atención: apenas hay espacio para una batería que suena por su ausencia, y ni tan siquiera una cerveza en el lugar que ocuparía el bajo. “Un ejército de un sólo hombre. Arriesgado…y muy divertido, si se ejecuta bien”, pienso mientras apuro el combinado.

“Mi cabeza da vueltas persiguiéndote”

El público comienza a llegar de forma regular y calmada, y me sorprendo por segunda vez, aunque en este caso tendría que haberlo previsto. La edad media oscila entre los treinta y los cuarenta y cinco, con excepciones a la regla por debajo.. .y, sobretodo, por arriba. “Para ellos, las canciones que van a sonar fueron y son la banda sonora de sus vidas“, reflexiono. Fue la música que les acompañó en sus viajes, las canciones que transformaron momentos mágicos en recuerdos inolvidables; los temas en los que reflejaron algún desamor.

“Para mí, fue y es lo mismo. No hay tanta diferencia. Debería empezar la crónica mencionando…” y corto el pensamiento a la vez que la música ambiente deja de sonar. Y sin más preámbulos y con un lío de pre-amplificadores, Pedro Luján dice que quiere calentar la noche a las once y cuarto, y un acorde de eléctrica se apropia de las cincuenta personas que regulan el termostato de Awenn.

Me asomo a la ventana, eres la chica de ayer“, canta Nacha Pop a través de Luján. Las líneas de batería, bajo y arreglos corren a cargo de un ordenador que hace las veces digitales de músicos analógicos. Pedro tiene un tono grave que se acomoda en una escala neutra aunque, a veces, trepe hasta unos agudos necesarios. El público tarda poco en abandonar sus conversaciones y centrar su oído en el músico.

“Ese disco que da vueltas sin descansar, esa música que no podrás olvidar”

Tras los primeros aplausos, Pedro sigue cantándole a su público, a su particular mundo… aunque  hoy no lo haga a través del cristal. “Háblame de tu oscura habitación, de tus noches sin dormir… de tu calor“, recita con fuerza. Ahora sí, su particular guardia comienza a corear con timidez el estribillo, aunque el lenguaje no verbal del cantautor incita a venirse arriba por completo.

Tras el estribillo, la batería decide comenzar un solo por su cuenta, descoordinando por completo la guitarra del músico. “Por favor, no compréis cosas para música en un chino. Gracias”, susurra el músico mientras resetea el tema, arrancando una carcajada general entre la gente.

 

La unión de temas de música oscila desde Lobo hombre en París hasta otros como Por qué te vas de Jeanette, donde Javier, de la banda Argonautas, colabora coreando en el estribillo y cantando algunas estrofas. 

Después de tres temas, descubro que la particular forma que tiene Pedro de versionar canciones se caracteriza por su energía. La eléctrica adelanta su sonido a primera fila, mucho más presente que en sus originales, y la voz de Pedro convierte cualquier tema suave en algo terriblemente dinámico.

“El amanecer me sorprenderá dormido borracho en el Cadillac”

De Fito a Manolo García, pasando por Los Secretos, Loquillo, Duncan Dhu y Danza Invisible. Luján recorre veinte años de música española en el mismo Cadillac solitario con el que aparcará el concierto, no sin antes arrancar un Sufre, mamón  por petición del público. Pero antes, canta una obra de su propia mano llamada Ana, ayudado, de nuevo, por la voz del argonauta Javi. Los focos se apagan y Luján se mezcla entre una masa que le felicita por su directo; visiblemente emocionados y contentos con la actuación.

 Javi, de Argonautas

Yo me voy de Awenn pensando que tengo veinticuatro años y que la banda sonora de mi vida es mía, en la misma forma en que todo el mundo tiene una. Y que sería genial poder volver a escuchar los temas que me hicieron sentirme vivo dentro de unos años; con otra piel y otra forma, ellos y yo. Tal vez, para entonces, alguien de mi generación decida ser Pedro Luján, con otra piel y otra forma, canoso como lo seré yo, y amando la música que nos hizo crecer… por eso. Por hacernos crecer.

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