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Pint of Science: hay ciencia en la cerveza… y no para pagar la cuenta

Las charlas de Pint of Science unen la divulgación científica con una buena cerveza en St. Patricks Iris Pub. Acompáñanos a aprender ciencia

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Escrito por:

21 de mayo, 20:00 horas:

 – María del Carmen Alarcón del Amo (UMU) ¿Quieres co-crear conmigo?

 – Victor Raúl López Ruíz (UCLM) Midiendo la felicidad

22 de mayo, 20:00 horas:

 – Rosario Sabariegos Jareño (UCLM) Te receto un cómic

 – María Elena Caminos Benito (UCLM) Células de ciencia y ficción, ¿cómo lo ves?

 

 

Plaza Periodista Antonio Andújar 1, Albacete, 02001

Teléfono:  967 25 67 77

Facebook: St Patrick’s 

 

 

Hombre, mujer, científico, humanista, del Madrid o del Barça, te guste el final de GoT o no. Hay algo que nos une a todos más allá de la vida… y eso es la cerveza. El ambiente distendido, las charlas sin prisa en un bar; las ganas de disfrutar de un buen rato. Esa es la premisa de la que parte Pint of Science, una iniciativa que pretende devolver la investigación académica a las calles. Y demostrar, sin charlas tediosas ni exposiciones complejas, que la ciencia es vital para las sociedades. Así que elige una rubia, morena o tostada y acompáñanos a St Patrick’s Irish Pub. Hoy, El Gambitero se va de investigación científica.

AQUÍ TIENE SU CAMBIO Y SU INVERSIÓN EN CIENCIA

Aterrizamos en St. Patrick’s a las 19:00 y conocemos a Ismael García Varea, director y profesor de la Escuela de Ingeniería Informática. “Es la tercera edición”, dice Ismael bebiendo de su tónica. “Hace dos años nos llegó información de este festival, así que preguntamos al coordinador nacional y me convertí en el coordinador local”, explica.

Pint of Science se escanció en España hace cinco años, aunque la idea original nació en 2013, en Reino Unido. “En 2012, un par de investigadores neurocientíficos del Imperial College tomaron una decisión extraña”, relata. “Decidieron invitar al laboratorio a los familiares y amigos de los enfermos a los que investigaban. Explicarles qué hacían, a dónde se destinaba el dinero de sus impuestos… y fue todo un éxito“, sonríe.

Es ahí cuando llega la idea más extraña de todas. “Entonces, los investigadores pensaron: si esto ha funcionado en un laboratorio, ¿por qué no salir a la calle?“, prosigue. “¿Por qué no mostrar a la sociedad lo que hacemos? Pero claro, aún está la pregunta de dónde hacerlo”, ríe. “Y claro, ¿dónde se junta la gente?”

En los bares, respondemos ambos al unísono. “Un café, un agua, una cerveza en la mano. Una charla sin prisas, una noción del conocimiento científico sin el aura académica que nos caracteriza. Y a partir de ahí”, localiza Ismael, “se extrapoló al resto del mundo. Y de Reino Unido, a Albacete”, matiza.

Las dos primeras ediciones también fueron en St. Patricks, y fueron todo un éxito“, recuerda Ismael mientras ojea el local. “Hemos seguido aquí con muchas ganas. Todo el equipo de Pint of Science Albacete cree que tenemos una obligación para con la sociedad. Somos académicos y funcionarios públicos: estamos obligados a dar explicaciones de a qué se destina su dinero… y con qué propósito”, sentencia.

Lo intentamos hacer de forma llana y sencilla: que un niño de 6 años y un hombre de 96 lo entiendan de la misma forma. Y, por supuesto, tratamos de que se involucren: que comprendan por qué la investigación científica es necesaria”.

LOS ROBOTS YA ESTÁN AQUÍ, AUNQUE NO COMO CREES

A las 20:00 horas, comienza la intervención de Cristina Romero González, Los robots ya están aquí. Una joven investigadora a punto de defender su tesis doctoral que ha encontrado un hueco para venir a St Patrick’s. Y así, explicar que el futuro ha llegado: los robots están aquí, pero son.. ligeramente distintos a lo que pensamos.

Tenemos un problema como sociedad que no va a sorprender a ninguno de los presentes cuando lo diga“, anuncia Cristina. “Es el problema de que nos hacemos mayores“, golpea arrancando las risas de un St. Patrick’s atestado. La investigadora también participa en esa diversión, aunque sin perder ni un segundo de su hilo argumental.

Cristina explica que el desarrollo de las sociedades hace que la edad media de la población aumente progresivamente. “Esto plantea una serie de problemas, pero el que yo quiero lanzar es… ¿quién va a cuidar de nosotros?“, expone. “Los jóvenes tendrán que trabajar, así que alguien tendrá que hacerlo“.

Y así, Cristina se lanza a una piscina de lógica, código y percepción informática. A explicar la historia de los robots: desde el nacimiento del término en una obra de teatro checa, hasta Isaac Asimov y, finalmente, la actualidad.

“Son máquinas”, resume de forma breve. “Máquinas en un sentido físico, porque interactúan con el mundo físico gracias a una serie de elementos. Moverse, coger objetos… básicamente, es un ordenador con extras“, añade arrancando otra carcajada generalizada. “Un ordenador por la capacidad de procesamiento. Y sus extras son lo que se conoce como sensores y actuadores. Los sentidos y extremidades del robot“, prosigue.

Durante veinte minutos más, Cristina ahonda en los problemas técnicos de la robótica a día de hoy. ¿Cómo programamos a un robot para que reconozca su entorno? ¿Para que sea capaz de identificar rostros, objetos y situaciones de terminadas? ¿Cómo le enseñamos a dialogar? ¿Cómo tenemos que programarlo para que resulte humano? Lo hace en un ambiente distendido, entre murmullos de sorpresa y comentarios al respecto de su presentación.

Y, al final, recibe una enorme cascada de aplausos regada de pintas y tapas. Una cascada que, muy probablemente, se repita durante hoy y mañana, cuando las últimas presentaciones tengan lugar. Desde el código fuente de El Gambitero, emitimos una orden lógica de carácter supremo. La Primera Ley de la Robótica dice que un robot no puede dañar a los seres humanos. Aprender ciencia con una pinta en la mano nunca ha hecho daño a nadie.

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