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Pintura de Ana Cantó: una oda vitalista de bestias, mapas interiores y sensaciones hechas lienzo

Entrevistamos a Ana Cantó, autora de la exposición de pintura que estará abierta al público hasta finales de abril en La Bodega de Serapio.

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Ya hace más de dos meses que las creaciones de Ana Cantó han encontrado en La Bodega de Serapio un acogedor hogar temporal. Hasta finales de abril, allí, entre barricas, esperan historias en las paredes, aguardando a ser descubiertas, ‘madurando’ como el buen vino, esperando a que el ávido visitante se atreva a ponerles el ojo encima y a ahondar en ellas.

Precisamente sobre todas esas ideas, sensaciones, sentimientos e historias plasmadas animales y figuras humanas hemos podido hablar con la artista. Ana Cantó, nacida en Albacete, estudió Bellas Artes en Valencia, pero desde pequeña ya encontraba en el hecho de pintar y hacer cuadros e ilustraciones una pasión. Una pasión que se acabaría materializando con el paso del tiempo en su faceta como artista, que combina con la docencia. De hecho, ha sido profesora de la Escuela de Arte de Albacete en el pasado, aunque ahora trabaja en a Escuela de Arte Superior de Castellón y tiene su residencia en Valencia.

La muestra que alberga Serapio combina tanto ilustración como cuadros de pintura a gran formato. Sin embargo, no es ni mucho menos la primera vez que Ana expone sus creaciones al público. Varias obras suyas han rotado por Albacete, en establecimientos como la propia Escuela de Artes, el Centro Cultural la Asunción o en Zake. Pero también han visto otras ciudades como Valencia, Madrid o Talavera de la Reina.

La acogida de su obra en La Bodega, en palabras de la propia artista, hasta el momento está siendo buena. De hecho, ya se ha vendido un total de 5 obras de entre las 12 que componen la muestra. Y, aprovechando que todavía queda un largo mes por delante para disfrutar de la exposición, hemos querido dejarnos caer por Serapio para conocer de primera mano la obra y hablar con la artista sobre sus creaciones, pero también sobre su proceso creativo y las historias que busca contar. ¿Te quedas con nosotros a conocer más sobre esta oda a la vida en clave de lienzos?

Ana, en tu obra vemos un estilo artístico muy personal. ¿Consideras que tu estilo se ha mantenido con el tiempo o que, por el contrario, ha ido cambiando a la vez que cambiabas tú?

Mi estilo artístico ha evolucionado con el tiempo, ha crecido conmigo. Si ves obras de hace unos años se sigue notando que soy yo. Pero yo creo que sí que ha ido creciendo, porque yo no puedo pensar igual que cuando tenía 25 años. Sin embargo, creo que se mantiene la espontaneidad de los trazos, aunque en realidad están más pensados de lo que parece. Pero sí, son bastante espontáneos.

¿Cómo nace la idea de exponer en un local como es La Bodega de Serapio?

El hecho de exponer en La Bodega de Serapio surge por un contacto. Conocí a la gente que lleva la publicidad y a la gente que lleva La Bodega, y a ellos les gusta tener siempre exposiciones en su local. Entonces, le enseñé mi página web a Antonio, el jefe, y le gustó bastante la obra, así que nos pusimos a ello. En total, mi obra va a estar expuesta allí más o menos durante dos meses y pico, hasta finales de abril.

¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Cómo concibes las ideas y les das forma?

Yo siempre tengo una idea y voy trabajando sobre ella. Por ejemplo, en la exposición de La Bodega de Serapio hay dos partes. Por una parte están las ilustraciones en un formato de 50×50, que es un bestiario. Esta parte son ideas y sentimientos sobre los animales. Hay dos patos besándose, dos caballitos jugando, una cerda amamantando a sus cerditos en un fondo de patatas, paja y con casco de montar a caballo… Luego están los de personas, que casi siempre son una sola figura. En ellos uso esmalte sobre madera, y en este caso normalmente parto de una sensación, que es la que quiero transmitir.

Desde ahí voy trabajando, evolucionando, voy cambiando cosas hasta que decido dar la obra por finalizada. Pero sí, siempre parto de una idea previa que casi siempre logro plasmar. De todas maneras, cualquier obra de arte quien la completa en realidad es el espectador. Porque a lo mejor alguien ve una cosa en mis cuadros que en realidad no es lo que yo quería decir inicialmente. Ni todos vemos la misma película ni la misma serie… Cada uno interpreta de distinta manera.

¿Es fácil decidir cuándo pones fin a una obra?

No siempre. A veces no sabes determinar muy bien cuándo has acabado, cuándo hay que parar. Lo cierto es que cuesta un poco.

En algunas de las obras vemos ciertos elementos que podríamos considerar como propios del ‘collage’. Coges facturas o las páginas de una agenda y las incluyes como elementos en tus ilustraciones. ¿Por qué utilizas este recurso?

Eso solo lo he hecho con el bestiario. En los formatos grandes casi nunca lo hago, en esos pinto sobre madera y lo que hago es pirograbado, quemando la madera en algunas zonas. Pero sí, en el bestiario, el formato pequeño, sí que uso materiales que me encuentro normalmente por la calle. Por ejemplo, en ‘El avestruz sale corriendo’, que está expuesto en La Bodega, mientras lo estaba haciendo me encontré las hojas de la agenda que componen los huevos.

Es una manera de jugar un poco con el azar, con el día a día. La obra no es solo cuando la estás haciendo, también vive dentro de ti porque la estás pensando, la estás inventando, la estás imaginando. Es una especie de trabajo-lucha que a veces lo consigues y a veces no. Las facturas, por ejemplo, están ahí porque me las encontré mientras estaba haciendo el dibujo, ya que no hago las obras de una tirada. De hecho, es un proceso bastante largo.

¿Y cuánto puede llegar a durar ese proceso de creación?

Uf… Pues no lo sé, depende del trabajo que tenga. Por ejemplo, si estoy en época de exámenes, pinto menos porque tengo menos tiempo. Pero los cuadros grandes me llevan meses de trabajo. Los más pequeñitos, yo calculo que una semana o así. Lo que pasa es que no es lineal, lo mismo estoy 15 días porque paro y durante 3 días no pinto, luego retomo… Me lo han preguntado muchas veces, pero no tengo un cómputo de las horas, porque no lo cronometras. Y a lo mejor no estás pintando pero estás mirando cosas que pueden llegar a influir en la obra.

Respecto a los títulos de las obras, algunos de ellos dan muchas pistas sobre el significado que buscas transmitir. ¿Lo haces así con una intencionalidad?

Sí, esa es mi intención. Muchas veces la gente se encuentra un poco perdida cuando se pone enfrente de una obra, y al ponerle un título les centras más. Ya están pensando lo que tú quieres transmitir. Es cierto que el texto y la imagen se complementan. Vivimos en un mundo muy visual, lleno de pantallas, televisiones… Y creo que sí, que llamar a las cosas por su nombre ayuda al espectador bastante.

Respecto a los colores, suelen ser bastante potentes, saturados, llamativos. ¿Por qué te decantas por ellos?

Porque son muy vitales, transmiten mucha alegría y vida. Me interesan mucho más los colores saturados por eso.

Las obras que tienes expuestas en Serapio, ¿nacen entendidas como un conjunto? ¿O, por el contrario, son completamente independientes?

No, no son un conjunto. Las únicas que se pueden entender como un conjunto como tal son las del bestiario, que es un proceso que llevo ya varios años haciendo. Las obras grandes, sin embargo, son de distintos años y no tienen un proceso común. Por ejemplo, uno de los cuadros, que es El Obstinado, sí forma parte de una serie. Tengo más obstinados, pero solo he llevado uno de ellos a La Bodega.

En algunas de tus obras de figuras grandes va ‘tatuado’ el fondo o la figura. ¿Cuál es el motivo de que emplees este recurso?

Yo no llevo ningún tatuaje, pero intento representar los mapas de nuestra propia existencia, y la manera de representarlo es ese grafismo que utilizo tanto, que parece que personajes y fondos están tatuados. Es un poco la marca que nos va quedando con el paso del tiempo. Tú tienes tus vivencias, lo que te ha pasado, tu niñez, tu familia… Son cosas que se nos van quedando dentro y nos componen como persona. Eso sí que es común a todos los cuadros.

Por eso, de hecho, a algunas colecciones las he llamado ‘Mapas interiores’, ‘mapas de la vida’… Son mapas de ruta, pero más del pasado que del futuro, como las vivencias que acumulamos.

Entonces, ¿tú dirías que tus obras son también como tus ‘tatuajes’ o mapas de tu pasado?

No porque a veces son ideas que no son personales. No siempre lo baso en mi subjetividad. En la muestra, por ejemplo, no hay ningún autorretrato (aunque sí que los hago). A veces no son exactamente mis recuerdos, sino que represento a otra persona, como actores. Te metes en otra piel.

Todas las obras expuestas están en venta y, de hecho, ya se han vendido 5 de ellas. ¿Es difícil ponerles un precio?

Sí, ni siquiera me sé de memoria los precios de las grandes. Las del bestiario valen todas 120€ enmarcados tal y como están. Respecto a las grandes, los camareros tienen en la barra el listado de precios. Cada cuadro tiene un valor en esfuerzo, pero también en función de lo que te satisface el resultado. En general, es muy difícil vender, porque da lástima. Pero tengo que venderlos, ya no por el dinero, sino porque no puedo seguir acumulando más obra. Da pena porque son tuyos, pero es mucho material para acumular, y algunos son muy grandes. Tengo todo lleno de cuadros por todos lados, muchos más de los que hay expuestos, y hay que darles salida.

Por último, ¿qué es lo que le dirías a alguien que no conozca tu obra para que se anime a visitar La Bodega de Serapio estos días y le dé una oportunidad?

Le diría que se pase, que es una obra vitalista y alegre. Y que, además, la entiendas como la entiendas, creo que no te dejará indiferente. Porque busca precisamente eso: transmitir alegría y ganas de vivir.

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