Publicidad

Publicidad

Recital por la autogestión: la última resistencia del arte

Nos acercamos a La Casa Vieja para ver el recital por la autogestión de La Última Resistencia, donde poesía y música hablan el mismo idioma.

ASÍ PASÓ

Escrito por:

Redacción: Jorge Coloma Puga | Fotografía: Elena Martínez Velasco


“Gracias por el calor humano”, dice Ramón Mercury frente a las treinta personas que hacen de estufa en La Casa Vieja. Ayer a las 19:00, el centro social dio cobijo a poetas, cantautores y civiles por igual bajo la bandera de La Última Resistencia. Este fanzine, autoeditado por el propio Mercury, sirvió como objeto para un evento que promocionaba el arte y la autogestión. Nosotros fuimos allí para ver y conocer a artistas variopintos… e inigualablemente talentosos.

DIEZ AÑOS DE POESÍA

Luis AguilarTras una breve introducción por parte de Ramón, Luis Aguilar subía al escenario para presentar su libro “Poemas de Juventud”. Un poemario de 355 páginas que abarca casi diez años de creación lírica. Dividido en 14 secciones, el libro nos hace viajar desde la adolescencia hasta la madurez de Luis.

“El eje del libro gira en torno al amor, pero también tiene cierto punto de crítica social”, explica Aguilar. Y, sin más, se lanza a la narración de su propia obra. El niño que fue Luis bebe de conceptos clásicos como el carpe diem o el tempus fugit.

Las alegorías a la cultura y la mitologia clásica son una constante en su obra. Y su tono… hace de cada palabra un concepto. Aunque el discurso es rápido, sus micropausas permiten que el público se recree en cada término.

Seguiremos comiendo, jugando, hasta erosionarnos el uno al otro; enteros, recita Aguilar. En apenas siete minutos, pasa de ser un enamoradizo chaval a un hombre reflexivo, centrado en este mundo. En un mundo donde, tal vez, persigue al amor como objeto y musa. “Tal vez sea por seguir escribiendo”, me confesará más tarde.

Antes de que baje del escenario, pienso en el público. Aunque tan solo han aplaudido tres veces, el silencio ha sido atronador durante su actuación. La clase de silencio que oscila entre el respeto y la admiración. Y es normal. Son diez años de poesía.

CANTAUTORES HASTA DEBAJO DE LAS PIEDRAS

Luis abandona el escenario para arrastrar al elenco de cantautores más eclético y diferente que he visto en mucho tiempo. El propio Ramón Mercury, al que ya conocemos, es el primero en abordar la palestra. Con un estilo desenfadado y social, Ramón se centra en hacer un arte divertido y que, sin embargo, hace pensar.

Tras un par de temas, Ramón le cede la plaza a Álvaro Cuenca, que tiene un estilo dulce e íntimo. Su voz suele moverse entre agudos y medios y, sin embargo, parece repleta de graves que se asoman constantemente. Su tono es cálido y cercano.

Tras él, Alejandro Santoyo se vuelve el amante temporal del escenario. Es un opuesto a los anteriores en todos los sentidos. Su música es terriblemente enérgica y puntiaguda, y su rollo kinkillero incita a cantar de forma constante.

Alejandro es sustituido por el Gran Dako, que se subirá a Javi de Argonautas para una colaboración a final. Pero en solitario, Dako se caracteriza por una profundísima y grave voz que hace vibrar los oídos.

Y por último, y como invitado especial recién llegado de Murcia, Pablo Barraka cerró el show musical de la tarde-noche. Delicado pero fuerte, intenso pero cohibido. La música de Barraka es delicada, como su punteo, pero no por ello menos fuerte.

La Última Resistencia logró atraer a todo tipo de artistas y gentes de mal vivir. Solo cabe pedir que, para la siguiente ocasión, seamos más. Para así sufrir las inclemencias de una tarde tempestuosa entre arte, libros y calor humano.

Publicidad

Publicidad

Comments are closed.