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Santiago Posteguillo (Premio Planeta 2018): “Enseñar y deleitar, esa es la idea principal en mis libros”

Posteguillo, autor de la galardonada ‘Yo, Julia’, presentó su obra y firmó ejemplares el pasado jueves en la Sala Liberbank de Albacete.

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El pasado jueves 25 de enero a las 19:00, casi trescientas personas se aglomeraban a las puertas del Auditorio Liberbank. El motivo: no todos los días se tiene el placer de recibir en tu propia ciudad a un autor galardonado con un Premio Planeta para que este presente su propio libro. Y, si encima puedes llevarte un ejemplar firmado a tu casa, pues mejor que mejor. Santiago Posteguillo, autor de ‘Yo, Julia’, acudiría a este auditorio en un evento organizado por la Librería Popular para profundizar en los entresijos de la novela con la que fue premiado en octubre de 2018.

En El Gambitero hemos tenido el placer de entrevistarle para conocer más en profundidad algunos detalles sobre ‘Yo, Julia’. Pero también hemos descubierto muchas cosas interesantísimas sobre el propio escritor y su manera de hacer literatura. ¿Queréis saber más sobre Posteguillo y, especialmente, sobre Julia Domna, una de las emperatrices más poderosas de Roma? Entonces, estáis en el lugar indicado.


PREGUNTA – ‘Yo, Julia’ es la novela ganadora del Premio Planeta 2018.  Este galardón mejor dotado de las letras españolas y probablemente uno de los más reputados. ¿Qué es lo que va a encontrar el lector que se aventure entre las páginas de este libro?

RESPUESTA – Lo que va a encontrar un lector en ‘Yo Julia’ son cinco años de la historia del Imperio Romano. En ellos se va cambiando de una dinastía a otra. Y, en esa lucha fulgurante por el poder, la que está más hábilmente maniobrando es Julia. Ella terminará siendo una de las emperatrices más poderosas de Roma, pero en ese ascenso también lo puede perder todo.

P – ¿Cómo descubres, como autor, al personaje de Julia? ¿Dónde reside su fuerza y qué es lo que hace importante a este personaje?

R – En mis novelas cada vez me intereso más por equilibrar el peso de los personajes femeninos en la historia. Era ya cuestión de que me pedía el cuerpo tener un personaje central femenino. Yo conocía la importancia de Julia en la historia pero, como siempre, hay mujeres rescatando a mujeres: la profesora Barbara Levick publicó una biografía magnífica sobre el personaje. Esta empieza diciendo ‘no entiendo cómo no hay películas ni novelas sobre Julia’. Te lees la biografía y dices: ‘pues es verdad’. Entonces, la película no dependía de mí, pero la novela sí. Ese fue, digamos, el acicate final para decidir centrarme en Julia.

P – ¿Y por qué consideras que es importante visibilizar a estos personajes femeninos en los contenidos de ficción?

R – Yo empecé con esto mucho antes que el #MeToo. Este movimiento en cierta forma ha acelerado o incrementado la lucha por la igualdad de género, que comparto completamente. Que coincida ‘Yo, Julia’ con un momento de mayor sensibilidad en estas cuestiones yo lo veo como una feliz coincidencia. No me molesta para nada porque intentamos remar todos en la misma dirección. 

Pienso que en estos momentos, donde queremos construir igualdad entre hombres y mujeres, pensando en el presente y pensando en el futuro, visibilizar a mujeres de la Antigüedad y de períodos anteriores, como Julia, puede hacer ver a la gente que esta igualdad no es algo que se tenga que construir sobre un background vacío histórico, sino que el vacío está en cómo se ha contado el pasado.

Y no se trata tampoco de recontar ni de cambiar los hechos históricos. Lo que se ha contado de Septimio Severo, el marido de Julia, es correcto. Lo que no se ha contado es que, en eso que hizo el marido, influyó muchísimo Julia. Yo lo que intento hacer ahora es el relato, no cambiado, sino completo. Es como si nos hubieran narrado la historia con una cámara fijada en un sitio y ahora abriéramos la visión con un gran angular. Así, cogemos una mayor parte del espectro”.

Santiago Posteguillo presenta 'Yo, Julia' en Albacete

P –  ‘Yo, Julia’, tiene un fuerte componente de estrategia política. Julia ejerce un poder en la sombra y, además, es infravalorada por muchos de sus adversarios por ser una mujer. ¿Crees que existen componentes en términos de estrategia política en tu novela extrapolables al contexto político actual?

R – Hay universales relativos a la estrategia política que aparecen en el libro y se podrían extrapolar al contexto político actual. Sin embargo, lo que no puedo hacer es, a la inversa, trasladar ideas feministas a la mente de Julia. Se podría decir que Julia es una mujer inteligente, audaz y hermosa que no ve en el hecho de ser mujer un impedimento para luchar por sus objetivos. Sin embargo, no la puedo transformar en una figura, digamos, “feminista al uso”. El motivo es, básicamente, que estamos hablando de conceptos desarrollados entre los siglos XIX, XX y XXI. Sin embargo, sí que hay unas cuestiones universales de persona audaz, hábil e inteligente que es capaz de adelantarse a los acontecimientos y tener visión de futuro.Todo eso lo tenía Julia y son rasgos que podemos encontrar hoy día en algunos políticos y políticas del siglo XXI. Lamentablemente, no en muchos.

A veces, algunos periodistas me preguntan quién es Julia hoy. Yo siempre he hecho comparaciones con la salvaguarda de diferentes edades, porque Julia tiene 19-24 años en esta novela. Pero pienso en gente como Merkel o Margaret Thatcher. No coincido con ellas ideológicamente, pero hay que reconocer que han sido fundamentales en el devenir histórico del siglo XX. Animales políticos totalmente.

Pero hay una diferencia: tanto Merkel como Hillary Clinton, por ejemplo, masculinizan su imagenen el proceso de acercarse al poder. Margaret Thatcher no. Ella siempre iba con falda y, aunque ideológicamente no coincida con ella, a mí como personaje me encanta.  Por ejemplo, ella llegaba a esas reuniones llenas de hombres y, ‘¡plaf’, plantaba ahí su bolso, un símbolo claramente femenino. Ella no rehuía su feminidad, y en ese sentido Julia hace lo mismo. 

Entre las senadoras, gobernadoras y congresistas norteamericanas que han sido elegidas ahora, en las últimas elecciones legislativas norteamericanas que tan mal le han ido a Trump, quizá haya alguna Julia. Quiero pensar en eso. Pienso, por ejemplo, en esa congresista de Nueva York tan joven, Cortés, a la que han intentado machacar en las redes porque bailaba -que yo pensé: ‘pues si esto es todo lo que tenéis, lo lleváis claro-. A lo mejor esa mujer puede que sea una Julia. Pero claro, nos falta perspectiva.

P – En lo relativo a novela histórica: ¿dónde empieza la ficción y dónde acaba la historia propiamente dicha? ¿dónde está el límite?

R – Hay gente que se toma licencias. Yo me las tomo en cosas como que, si la hermana de Julia también se llama Julia, la llamo Maesa. Utilizo el cognomen para que el lector no se líe. Y, además, lo explico al final en la nota histórica.

Los datos históricos son el esqueleto de la novela, pero eso sin más sería un manual de historia. Yo lo que quiero presentar es la historia viva. Y, para ello, tengo que cubrir esos datos históricos, ese esqueleto, con músculos y con piel. Pero si el fémur es de una determinada manera, tendré que ponerle unos músculos adecuados. Todo lo que reconstruyo, por tanto, son hipótesis probables. Los grandes datos históricos son tal cual están, y lo demás es un revestimiento que incluso pudo ser exactamente así. O, por lo menos, encaja. Sería cercano, próximo.

Todos los datos históricos públicos sucedieron tal cual: la manera en que se conocen Julia y Severo, cuándo se casan, cuándo tienen a sus hijos, cuándo él se proclama emperador, cuándo a ella la nombra augusta…  Pero las fuentes históricas, por ejemplo, no nos han contado ninguna escena de cama. Eso es ficción, por tanto. Pero si tenemos en cuenta que se querían, es de suponer que tendrían una relación íntima de ese tipo. Tampoco podemos saber los diálogos exactos que tuvo ella con su marido o con sus hijos. Sin embargo, sí que sabemos cómo fue su relación con ellos. Yo tengo que construir los diálogos en el ámbito privado que encajen con eso, y ahí está toda la parte de ficción.

P- Precisamente para toda esa parte histórica es preciso elaborar un proceso muy completo y complejo de documentación. En el caso de ‘Yo, Julia’, ¿cómo ha sido esa fase? ¿Ha resultado especialmente compleja en comparación con otras de tus novelas por tratarse de un personaje silenciado?

R – Sí, por ser mujer. Las cuatro fuentes clásicas son Dioncasio, Herodiano, Aurelio Víctor y la Historia Augusta. Los tres son hombres, y la Historia Augusta también está escrita por hombres. No hay ni un solo capítulo en sus obras titulado ‘Julia’. Ni uno. Hay uno que se llama ‘Septimio Severo’, su marido, y otros sobre ‘Caracalla’ o ‘Geta’, que son sus hijos. Tenemos referencias a Julia en todos estos capítulos, por lo que tengo que buscar en ellos para hacer una reconstrucción. Eso me lleva el doble de tiempo que con otros personajes como Escipión o Trajano, porque ella es una mujer. El proceso de elaboración de esta novela ha durado 3 años, y fácilmente uno ha estado dedicado a documentación.

También es cierto que cuanto más cuesta, más gratificante es el hecho de conseguirlo. Afortunadamente, Paloma Aguado, Barbara Levick y muchas otras historiadoras modernas están recuperando la figura de Julia y de otras mujeres. Eso me permite obtener datos de aporte moderno. También hay algunos hombres historiadores que se están preocupando más de los temas femeninos que antes. Al final, si buscas, encuentras. Pero para eso hay que buscar.

Santiago Posteguillo presenta 'Yo, Julia' en Albacete

P – En tu obra incluyes numerosas de referencias históricas que el lector puede consultar en el anexo. ¿Es tu público gente interesada en la historia? ¿O también las personas a las que en principio no les guste la historia pueden encontrar en ‘Yo, Julia’ un relato de los acontecimientos lo suficientemente atractivo como para interesarse en ella y, de manera colateral, también aprender?

R – Sí a ambas. Si alguien coge una novela histórica en una librería es, por lo general, porque le gusta la historia. Igual que, si coges una novela de crímenes, es porque te gusta este tipo de literatura. Ahora bien, una novela de Agatha Christie, aunque sepamos que va a ser de crímenes, la puede leer cualquiera. ¿Por qué? Pues porque está tan bien hecha y es tan entretenida que a cualquiera le puede gustar. Yo intento, a pesar de enmarcarme en el género de la novela histórica, que mis novelas sean entretenidas.

Algunos lectores, por ejemplo, me dicen que nunca habían leído novela histórica pero mis obras, sin embargo, les han gustado. Y eso es porque todo está en cómo se cuenta la trama. Algunas mujeres me han confesado que nunca habrían pensado que una batalla podría interesarles. Eso es porque yo cuento la batalla de una manera muy visual, muy cinematográfica. Además, incorporo muchos elementos personales en la batalla, rencillas internas... También utilizo cliffhangers para dejar al lector con la intriga, aunque hay quien opina que abuso de ellos.

Muchas veces pienso la historia en términos de plano-contraplano. Me gusta mucho el cine y tengo una asignatura en la universidad llamada ‘Literatura y Cine’. Y, por eso, me gusta mucho hacer la narrativa de esa forma. Creo que cada vez más los escritores nos fijamos en el cine y en las series para contar historias.

P – ¿’Yo, Julia’ está planteada como un único libro? ¿o tienes intención, como ya has hecho con otras de tus obras, de continuar la historia?

R – En principio estaba planteada como un único libro porque es una historia completa en sí misma: el ascenso de Julia. Sin embargo, hay un guiño en el título de ‘Yo, Julia’ que alude directamente a ‘Yo, Claudio’ de Robert Graves. Y ‘Yo, Claudio’ estaba continuado en una segunda novela llamada ‘Claudio el dios’.

Estamos en quinta edición, doscientos setenta mil ejemplares. Ya me pasó con Africanus, que lo escribí y pensé ‘a ver si le gusta a la gente, porque si no, ¿para qué seguir?’, porque escribir cuesta mucho. Sin embargo, gustó y acabé haciendo una trilogía. Aquí yo no creo que haga una trilogía. Puede que lo que intente hacer con Julia sea cerrar el paralelismo con Graves y hacer también yo dos novelas. Lo estoy pensando porque el personaje indudablemente da de sí y creo que podría ser bonito cerrar ese paralelismo.

P – Por último, si tuvieras que tratar de convencer a alguien que tuviera ‘Yo, Julia’ en sus manos de que le diera una oportunidad al libro, ¿qué le dirías?

R – Simplemente: “¿Quieres pasar unas horas entretenido? Pues léelo”. Yo escribo literatura pensando en el entretenimiento, lo cual no quiere decir que no tenga rigor histórico y calidad literaria. La gente a veces piensa que algo tiene que ser tedioso para ser serio, y no. Se puede ser muy entretenido y hacer algo de calidad. Siempre pienso en que Lope de Vega o Shakespeare llenaban los teatros y ahí están, siendo grandes clásicos. No me comparo, solo intento explicar el concepto.

Aunque trabaje con el máximo rigor histórico y calidad literaria que puedo conseguir, siempre intento que sea entretenido. Respecto a lo que decíamos de aprender, yo aplico la máxima latina ‘docere et delectare’, que significa ‘enseñar y deleitar’. Esa es siempre la idea.

 

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