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The Lazy Faithful: llueve gasolina en Portugal

El pasado jueves, los portugueses The Lazy Faithful hicieron una parada en La Cachorra Yeyé para ofrecer un show descarado y vibrante

ASÍ PASÓEn portada

Escrito por:

Redacción: Jorge Coloma Puga | Fotografía: Paula Tárraga Sánchez


Quién haya estado en Oporto se encontró una ciudad maravillosa, tejida en antigüedad y altura entre las orillas colindantes de un río. Pero al margen del vino y de las vistas, Oporto es una ciudad de tormentas de gasolina. De una gasolina sucia y mestiza, nacida en las entrañas de unos acordes tímidos e inflamada desde el ego. Esa es la lluvia que traen The Lazy Faithful, presentando su reciente álbum Nice Price. El pasado jueves, y gracias a El Hombre Music, estos portugueses jugaron con fuego y cerillas en La Cachorra Yeyé. Lo hicieron con un show enérgico y poliédrico, con espacio para el rock de carretera, el funk de seducción y mucha, mucha pasión. Y nosotros estuvimos allí.

UNA TORMENTA DE GÉNEROS EN UN CENTRO COMERCIAL

Los ‘creyentes perezosos’ aterrizaron en el escenario de La Cachorra con un buffet libre de sonidos. Stoner rock, hardrock, rockabilly, funk… la lista de influencias solo es tan larga como lo es su fe. Después del concierto hablamos con Tommy Hogg, guitarra y vocalista del grupo, sobre el por qué de este sonido.

“Cada miembro de la banda ha bebido de un sonido diferente, un estilo diferente”, dice el vocal. “Hablo de unas influencias particulares, un estilo concreto que nos apuntala“, indica.

Pero… ¿dé donde nace ese estilo… y ya de paso, el grupo? “João Ramos, el otro guitarra y yo, nos conocimos hace unos diez años. Teníamos diecisiete por entonces. Después, Zandré, el batería, y Miguel, bajista, se unieron en noviembre de ese año“, concreta. “Pero”, pausa Hogg, “la respuesta a tu pregunta inicial es todavía más divertida”.

Creo que Portugal tiene una gran escena musical, pero la de Oporto tiene una actitud aún más increíble“, precisa. “Hay mucho rock, mucho stoner, pero también mucho jazz. Nosotros solo somos una pequeña muestra de lo que hay en nuestro país… y ciudad. Deja que te cuente una historia“, pide Hoggs.

“Hay un centro comercial abandonado llamado Stop en Oporto”, comienza el vocal. “Está en el centro de la ciudad, y cada tienda que solía ser una tienda se ha adaptado para ser un cuarto de ensayo. Hay cerca de 600 músicos tocando en ese lugar. ¿Puedes imaginarlo?“, ríe Tomás.

“Caminas por los pasillos para ir a ensayar y, sencillamente, tienes que beber de lo que oyes. Grupos de chicos de trece o catorce tocando metal, y al lado una banda con una gran trayectoria musical haciendo jazz. Es increíble” sonríen.

EL BLUES DE LOS NIÑOS TÍMIDOS Y SUS HIMNOS DE VALENTÍA

“Pero si tenemos que hablar de la historia del grupo, tendríamos que hablar de mí”, ironiza Hoggs. “Empecé a tocar la guitarra cuando tenía nueve años. Y desde entonces, supe que no quería hacer otra cosa que no fuese eso“, ríe con sorna.

“Una historia clásica, ¿no? Yo era un niño tímido y callado, especialmente en el colegio. Y un día, alguien se trae una guitarra al colegio y te dice ‘oye, tú tocas, ¿no? Toca algo'”. “Y es ahí”, excava Tommy con emoción, “cuando el niño tímido demuestra lo que tiene. Y todo el mundo se queda callado. Y entonces, empiezan a mirarte de otra forma“.

¿Cuál fue el siguiente paso? “Empezar a buscar un batería, por supuesto”, se carcajea Tommy. “Daba igual que supiese tocar o no, yo sólo quería una banda. Por entonces escuchaba mucho punk, y me movía con esa actitud de ‘hazlo por ti mismo‘ aclara el vocal.

“Pero esa primera vez…”, recuerda Tommy. “Esa primera vez en la que una canción suena a lo que tiene que sonar. La primera vez que consigues conectar, sincronizarte. En ese momento ya sabes que estás adicto, y cuál es el siguiente paso. Moverte. Tocar de verdad“, afirma con intensidad.

“Y de ahí, ser mejor. Escribir tus propias canciones. Y hacerlo hasta que el cuerpo aguante, hasta que no puedas más. Estamos intentando internacionalizar The Lazy Faithftul. Y no es sólo un ejercicio de fe. Es una lucha constante de tours, de salas, de buenos y malos momentos en la gira. Es maravilloso“, golpea Tommy.

“Pero cuando sales a Bélgica, Francia, Italia, España… y la gente conoce tus canciones. Eso. Eso es increíble. Y eso merece cada gota de lágrimas, sudor y sangre que ponemos en esto“, concluye Tommy.

The Lazy Faithful ofrecieron un show empapado en gasolina en La Cachorra Yeyé. El mismo show de los mismos niños tímidos del colegio, aquellos que solo abren la boca para dejar abierta la del resto. Un show que bebe de una ciudad a las orillas de un río, donde las raíces de las viñas florecen en cosechas mestizas. Un show que nació en un centro comercial lleno de tormentas musicales. Si The Lazy Faithful llevan el estandarte de Oporto, solo hay una sugerencia que darles. Escondan a sus hijas, cierren sus ventanas y suban el volumen de los altavoces. Hay unos creyentes algo perezosos de procesión por el rock and roll. Y créanme: su religión es atractiva. Y su música, celestialmente infernal.

 

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