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‘They live’: el arte nos hará niños, los niños nos harán libres

Hablamos con Ramón Mercury, el autor de la exposición ‘They Live’, que estará en La Casa Vieja hasta finales de noviembre.

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Escrito por:

Redacción: Jorge Coloma / Fotografía: Elena Martínez 


Mi cita con Ramón Mercury, creador de la exposición de pinturas They live, queda pasada por agua. En un sábado 27 de octubre, La Casa Vieja me resguarda de la lluvia que se derrama sobre nuestra ciudad. Es allí, entre pianos de cola y gatos maullando en el patio donde me acerco a la obra de Mercury.

El llegará diez minutos más tarde, tiempo más que suficiente para un análisis preliminar de sus cuadros. Lo que veo es color, psicología e instinto en un gran abanico de formas, gamas y temáticas. Desde figuras irreales a recortes de periódico, desde letras que gritan alto a frases que acarician suave.

Diez minutos después, Ramón Mercury, dramatis personae de Ramón M., (1993, Albacete) llega para interrumpir mi análisis. Tras los saludos de rigor, Ramón me introduce a Mercury como “un personaje”. Los dos nos reímos de ello, pero Ramón insiste, ahora con seriedad, en que Mercury es un personaje que juega.

 

EL NIÑO INTERNO, EL ADULTO EXTERNO

¿A qué juega? “A pintar, a tocar la guitarra, a escribir aunque tengamos barba…Ramón Mercury intenta ser un niño siempre”. Le pregunto cuál es su definición de jugar. “Todo lo que no suponga una pesadilla, todo lo que disfrutamos haciendo”. ¿Y las reglas del juego de pintar? “En ese, cuantas menos reglas mejor”, explica con una sonrisa. “La única regla ahí es la anti-regla: prohibido prohibir“.

Detalle de la exposición 'They live, we sleep'

Me explica que ha sido así desde que era pequeño. Que pintaba desde pequeño, como hemos hecho todos, pero que él siguió pintando, como casi nadie hace. Le contesto a Ramón que veo adultez en su obra, pese a que su niño interno sea el director. “Dejémoslo en que los niños no piensan en las consecuencias de lo que hacen o dicen. Lo hacen y punto“, contesta, ligeramente evasivo.

No necesito más de quince minutos con él para caer en la cuenta de que Ramón me cae bien. No busca mi aprobación, y no creo que busque la de nadie. Para él, la palabra “arte” no es un trono donde regodearse de los ignorantes mortales que lo rodean. Me da la sensación de que hacer esto le es tan natural como respirar, que el arte en sí es el hecho de hacer arte. De conocerse a sí mismo y saber que necesita esto para vivir consigo mismo, y no para buscar el aplauso ajeno.

 

LARGAS SESIONES DE REALIDAD

Le pregunto cuál es su método de trabajo. “Normalmente, me pongo con tres o cuadros a la vez y voy haciéndolos todos”. Levanto los ojos. Dejo el té. Le pregunto cuál es su método de trabajo, esta vez en serio. Me contesta lo mismo. Le pregunto, con una curiosidad y envidia terribles, cómo narices puede gestionar emocional y temáticamente cuatro obras a la vez.

Detalle de la exposición 'They live, we sleep'

“Con sesiones de entre dos y cuatro horas y paciencia”, contesta. “Primero, vuelco un montón de pintura sobre el lienzo. Dependiendo del cuadro o el tema, utilizaré un determinado papel, tamaño, textura…”. “Después”, prosigue, “me dejo llevar por las manchas del cuadro y por la idea que tenga, y lo combino todo”. ¿Dejarse llevar? “Sí, digamos que trato de desconectar el consciente y que el cuadro entre en  mí”. “Pero sí”, reconoce, “en ocasiones gestionar todo eso emocionalmente se hace bastante complicado”.

¿Y por qué They live? “Porque están vivos, tío”, contesta. “El carácter de esta obra es activista, y pretende mostrar una realidad que no aparece en los medios, de la que no se habla”. Le pregunto de qué clase de realidad habla. “De la de este sistema. De la realidad de todo lo que no vemos, desde su fondo hasta la cumbre que dominan las élites“.

 

ELLOS VIVEN, NOSOTROS LO INTENTAMOS

La realidad es que aunque no he pensado mucho en ello, mi cerebro no ha pasado por alto la oscuridad de algunas de sus piezas. La política implícita en ellas. Me sorprende que se siga dirigiendo a sí mismo como a un niño. Hay obras relacionadas con satanismo y pedofilia, en la misma medida en que las hay sobre sociedad y psicología. “Son los monstruos que hay a nuestro alrededor, a los que elegimos no mirar. Ellos son los que están vivos”, me explica mientras ojeamos sus cuadros.

Detalle de la exposición 'They live, we sleep'

Me parece que Ramón Mercury, el niño, el personaje, está cuerdo pese a la locura en la que se sumerge. Creo que es esa voz que todos tenemos en la cabeza, la que nos incita a hacer algo positivo y a traer algo bonito a esta mierda de mundo. Ramón trae pinturas e intenta actuar de mediador entre nosotros y la realidad. “Las cámaras ya captan toda la luz, ¿sabes? La pintura debería hacer algo distinto. They live trata de capturar una realidad que las cámaras no captan, pero que nosotros si percibimos, aunque no queramos.”

Me despido de Ramón y del cómodo calor lleno de polvo de la Casa Vieja. La lluvia me devuelve a la realidad: un día de mierda en un mundo lleno de cosas malas. Y sin embargo, no puedo evitar pensar en lo feliz que soy cuando escribo sobre política, aunque sea basura. Cuando se la intento explicar a mis amigos, aunque no venga a cuento. Cuando mi niño interno coge las riendas de mi adulto aburrido y juega a ser inmortal. A disfrutar. Ese arte, el arte de no poder volverse loco por estarlo, es lo que veo en la obra de Mercury. En su persona(je). No es pretencioso. Solo ha venido a jugar.

La exposición They live estará disponible  en la Casa Vieja durante todo el mes de Noviembre.

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