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VI Jornadas del Esparto de la UP: historia y puro arte en contados en fibras naturales

Vamos a la exposición por las VI Jornadas del Esparto de la Universidad Popular, en la Casa de la Cultura José Saramago, abierta al público hasta este jueves.

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Una Casa de la Cultura José Saramago repleta de pequeñas y maravillosas creaciones de esparto. Paso frente a una vitrina de cristal repleta de objetos y me detengo a observarla. “¿Te gusta lo que ves?”, pregunta una voz de mujer, de esas que solo en 5 palabras son capaces de evidenciar sobradamente toda una dura vida tras su timbre. Ante mi afirmativa respuesta, la señora pone una gran sonrisa y confiesa su secreto: “¡pues lo he hecho yo!”.

VI Jornadas del Esparto

Victoria García tiene 92 años y la historia de cada uno de ellos contada en las arrugas de su piel, como cauces por los que han pasado ríos de vida. Sus manos cuentan otra historia, diferente pero paralela: la del esparto. “Cuando solo tenía 8 años, comenzó la guerra civil. Y, como teníamos necesidad, me tuve que poner a trabajar siendo muy joven. Así es como empecé a trabajar el esparto con 14 años”. Quién le iba a decir a ella, más de nueve décadas después, que el fruto del trabajo de sus propias manos acabaría por ser expuesto para ser admirado por todos en la Casa de la Cultura de Albacete.

VI Jornadas del Esparto

¿El motivo? Las VI Jornadas del Esparto de la Universidad Popular. “Sí, es el año VI que lo hacemos, ¡que yo sé leer números romanos hasta el mil! Tuve que ir a una escuela para mayores porque después de la guerra no íbamos al colegio. Y, cuando íbamos, estos los utilizaban para dar mítines más que para enseñar. Al acabar la guerra incluso muchos profesores acabaron en la cárcel”, cuenta la espartera, nacida en Liétor. Y, sabiendo la difícil vida que Victoria ha tenido que vivir, el sombrero, la papelera y los demás objetos que estaba presenciando de pronto cobran un valor y una vida que antes no tenían: un alma que reside en las manos que los han hecho nacer.

EXPOSICIÓN DE PIEZAS DE ESPARTO: UN UNIVERSO ENTERO DE POSIBILIDADES Y LA MISMA MATERIA PRIMA

VI Jornadas del Esparto

José Fajardo, uno de los dos profesores responsables del Aula de Naturaleza de la José Saramago me recibe, alegre y orgulloso de tanto amor por el esparto reunido en un solo espacio. Él me habla sobre la exposición, pero empieza -como no podía ser de otro modo- por esa historia en clave de fibras que acabo de presenciar: la de Victoria. “En estas jornadas, cada año y desde la segunda edición, homenajeamos a un espartero de la provincia de Albacete. Victoria es una de ellos”. Joaquín Hernández, en la derecha, es el homenajeado de este año. El criterio que siguen, me explica, es la edad de estos esparteros y que hayan contribuido a enseñar y a divulgar la cultura del esparto. Y justo bajo las fotografías de los homenajeados, expuestas en la pared, podemos ver algunas de las maravillosas creaciones de Hernández.

El hall de la Saramago está abarrotado de pequeñas (y no tan pequeñas) creaciones. “Algunas son piezas antiguas, más al fondo. Otras, son elaboradas por alumnos de la UP o varios grupos de esparto: el IBI, en Alicante, y otro de Jumilla“, cuenta Fajardo. Pero todas, absolutamente todas, son maravillosas.

Viendo las piezas, recuerdo cómo Victoria me hablaba de que el esparto tiene muchísimas aplicaciones. Hay cestos, bolsos, cunas, papeleras, lámparas, piezas de bisutería, zapatillas, relojes, recreaciones, figuras, cuadros… Parece que, con este material, todo sea posible. Y en base a la evidencia cae el mito de que el esparto es algo antiguo con el que solo se pueden hacer cosas aburridas. El margen para la imaginación es amplísimo.

VI Jornadas del Esparto

Le pregunto si las piezas están a la venta. “Los únicos artículos que se venden son los que están más cerca de la entrada, cuyos beneficios van destinados al Cotolengo de Albacete. Las que están a la venta son piezas elaboradas por los alumnos de la Universidad Popular y algunos colaboradores, como Victoria”, detalla Fajardo. Las demás, son solo de exposición.

Más cerca del fondo, además, hay dos recreaciones de escenarios. “El de la izquierda comprende las cosas más de uso doméstico, de la casa. También hay un espacio dedicado al azafrán. El espacio de la derecha, por otro lado, lo que comprende son objetos de uso agrícola y ganadero. Agricultura, animales, aceituna, vendimia, hay una colmena, de llevar paja…”, explica el profesor.

Cuando le pregunto por la acogida de estas jornadas, que finalizan el jueves, responde muy contento. “La acogida de las jornadas está siendo muy buena. Se hizo, por ejemplo, un encuentro de esparteros el sábado pasado al que vinieron 130 personas de toda España. También hubo un seminario. Lo cierto es que ha venido mucha gente”. Y es lógico: no apreciar todo el talento y arte comprendido en este espacio es todo un pecado.

MÁS ALLÁ DE LAS JORNADAS: LOS TALLERES DE ESPARTO DEL AULA DE NATURALEZA

Las Jornadas del Esparto acaban en a penas unos días, pero ahí no acaba todo. Todos los alumnos y autores de estas piezas se reúnen dos veces semanalmente, dos horas cada sesión. El curso empieza en noviembre y dura hasta mediados de junio, pero la matrícula se realiza en septiembre. Además, nos cuenta Fajardo, suelen poner un stand en la feria con folletos informativos.

“Los talleres de esparto empezaron en el año 1992. Yo llevo unos 10 años involucrado en ellos”, detalla José Fajardo. Las clases, nos cuenta, no son por niveles, sino que se trata más bien de un espacio conjunto en el que aprenden unos de otros. “El aprendizaje es completamente colaborativo”, afirma. “Además hacemos varias salidas al campo, una para coger el esparto y otra que es una visita cultural a ver un museo”.

VI Jornadas del Esparto

El docente nos explica: “Las plantas que son de cestería son las que tienen más variedad de técnicas de trabajo. Hay muchísimos puntos diferentes. A lo mejor, en un año, los alumnos aprenden un solo punto diferente. Y la verdad es que es mejor ir así, despacio, poco a poco, que querer abarcar mucho”. El proceso de aprendizaje, además, depende mucho de la persona. “Hay gente muy habilidosa; a otros les cuesta un poquito más. Pero al final todo es cuestión de práctica”.

Parece, además, una manera muy bonita para que la gente mayor siga manteniendo la habilidad manual. “Para la psicomotricidad es un ejercicio muy bueno porque trabaja las manos y la mente a la vez. Es buenísimo para los mayores”, recalca Fajardo.

Pero los talleres de esparto no son lo único que se hace en el Aula de Naturaleza de la UP. “Hacemos también cursos de senderismo, de setas también en otoño… ¡se hacen muchas cosas! Somos dos profesores: mi compañero Juan Picazo, que lleva la parte de fauna, y yo la parte de plantas”, detalla.

ALUMNOS-CREADORES QUE DISFRUTAN DE DAR VIDA CON LAS MANOS

Con motivo de las jornadas, los alumnos han trasladado su clase al hall de la Saramago, junto a la exposición, muy cerquita de la entrada. Ellos están en corro, con el esparto y las herramientas en el centro. Van trabajando, colaborando entre ellos, riendo, aprendiendo y, de vez en cuando, dando algún que otro trago para amenizar la jornada de trabajo.

“Aquí hay un rango de edades amplísimo. Victoria, que estaba aquí con nosotros, tiene 92 años, pero tenemos alumnos también de 20 años. Son 36 alumnos que forman parte de dos grupos distintos”, nos cuenta Fajardo. Algunos de los que allí se encuentran trabajando en ese momento son alumnos; otros son gente de la calle que viene por las jornadas.

Uno de los alumnos, Rafael, está empleando pleita para hacer un leñero. “Más o menos, a ratos, tardaré cosa de un par de meses en hacerlo. Lo que más cuesta es el comienzo, pero luego se te olvida porque el resto es un proceso muy mecánico. Y después… ¡a coser!”, nos confiesa, alegre y pero concentrado.

VI Jornadas del Esparto

Otro alumno, entre risas, también quiere compartir su hobby. “Esto es muy entretenido, y después de una jornada de trabajo para mí es relajante, es antiestrés”, comenta. Y es que el desahogo, amor y diversión se puede palpar en cada centímetro del entorno. Además, vemos que trabajan en muchas piezas de lo más variado: cestas, cubrebotellas… El más joven de todos, de 20 años, lleva incluso una correa de reloj de esparto elaborada por él mismo.

En último lugar, le preguntamos a José Fajardo cómo animaría a alguien a que se uniera a su taller, como un alumno más. “Yo le diría a la gente que probara. No es complicado. Siempre digo que, para que el curso merezca la pena, lo que hay que hacer es disfrutar el proceso. No hay que estar pensando en el resultado final, sino disfrutar mientras haces, mientras trabajas con las manos”, nos contesta.

VI Jornadas del Esparto

Además, nos revelan tanto alumnos como su profesor que la paciencia es un requisito indispensable. “Hay cosas que son más rápidas que otras y hay quien las hace más rápido que otros, pero todo se aprende. Pero hace falta concentración”. Ante esa afirmación, un alumno entre risas le replica: “Aquí hay que estar continuamente concentrado. Si no, se te puede estropear un trabajo, como me acaba de pasar a mí”. Todos ríen, en una carcajada colectiva que evidencia que a más de uno le ha pasado lo mismo alguna vez.

Y tras recorrer este espacio poblado por naturaleza moldeada y conocer a sus artífices, me marcho de la Saramago con una gran sonrisa y una conclusión: a veces, con algo tan básico como una simple fibra natural, se pueden contar tantas historias como personas disfrutan de poner sus manos al servicio de crear.

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